Compartir un jardín (11/52)

Si hay un tema presente en todas las conversaciones de los últimos tiempos sin dudas es el del uso de la tecnología, en particular de las redes sociales. Si las seguimos usando, si nos dimos de baja, si tenemos perfil público, si delimitamos un tiempo máximo de conexión diaria, si subimos fotos o no, si son una herramienta de laburo… También se habla cada vez más sobre la higiene tecnológica: cuántas horas antes de dormir dejamos de ver pantallas y cuánto tiempo pasamos sin ver una después de levantarnos. Quizás parezcan temas medio sonsos, pero me interesan profundamente. Porque cuando logro dejar el teléfono temprano, mínimo una hora antes de irme a dormir, y agarrarlo tarde al día siguiente, me siento mejor, de veras mejor.

Puntualmente en este posteo quería escribir dos o tres pavadas sobre el tema de compartir: cuando subimos una foto, ¿nos estamos mostrando o de veras queremos compartir algo? Probablemente sea un poco de las dos cosas, claro. En este viejo posteo del 2024 ya me interpelaba el tema, y sigo sin tener nada definido aunque pienso que cuando comparto fotos de mi jardín el gesto es genuino y quiero compartir el entusiasmo y sobre todo confirmar con mi testimonio (periodismo de investigación!) que no hay que ser un especialista ni tener un gran presupuesto ni ser propietaria de un terreno: todo mi jardín está plantado en macetas y la mayoría de las plantas fueron gajitos regalados y/o robados e incluso semillas encontradas en algún parque de Buenos Aires o de algún otro lugar, ¡solo se trata de traficar semillas!

Ahora sí al grano (que no es lo mismo que a la semilla): revisando la carpeta de fotos del teléfono, encontré un montón de imágenes de mi jardincito allá por el comienzo, años 2019-2020, y me dieron ganas de dejar un archivo de ese origen. Algunas plantas ya no están (en cada viaje que hago el jardín sufre una o dos bajas), otras crecieron tanto que están irreconocibles.

Y estas fotos, un registro de los últimos cuatro meses.


Coda 1. Con el paso de los años, en mi biblioteca se fue armando una zona de libros vinculados con las plantas (libros de ensayo, de fotografía, infantiles, poesía). Podría ser una buena idea ir subiéndolos a este blog, que aunque lo intente no se especializa en nada, pero por lo menos si hay algo seguro es que nunca van a faltar plantas en sus posteos. Empiezo entonces con un libro que me regalaron: Botánicas. Láminas.

Se trata de un catálogo bilingüe que reúne obras de la colección Per Amor a l’Art con sede en Valencia. Son artistas de los siglos XX y XXI que trabajan con el mundo vegetal -ya sea a partir de la fotografía, el collage, el video-, creando un jardín-archivo maravilloso. Entre ellos figuran Nobuyoshi Araki, Karl Blossfeldt, Imogen Cunningham, Hans-Peter Feldmann, Richard Hamilton, Jochen Lempert, Jonas Mekas, Mathieu Mercier, Juan del Junco, Albert Renger-Patzxch, Alessandra Spranzi y Pierre Verger. Comparto entonces algunos.

Flowers (1968-2017), de Jonas Mekas

Fiori (2017-2018), de Alessandra Spranzi

Untitled (2013), de Mathieu Mercier

Coda 2. En las últimas vacaciones anduve por Madrid y coincidió con la cuarta edición de Fanzimad, un festival de fanzines, autoedición y cómic. Entre otras cosas, me gustó mucho este fanzine sobre plantas y personas de la artista Beatriz Gómez, tiene muchos proyectos muy interesantes que comparte en sus redes, vale la pena darse una vuelta, es por acá.

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