
A fines del año pasado fuimos por primera vez al Cine Arte Cacodelphia, que vendría a ser el viejo BAMA, que fue también el viejo Arteplex Centro…, sí, el de Sáenz Peña y 9 de Julio. La película elegida, La sociedad de la nieve, de Juan Antonio Bayona, me llevó a una disyuntiva: ¿la vemos en el cine o esperamos un par de días para verla en netflix? Pero entonces pensé en la cordillera y no lo dudé: hay que verla en el cine.
Me encantó. Me pareció una película emocionante, por momentos arriesgada, pero sobre todo siempre bella. La música, la fotografía y el sonido son impecables. Retrocedo un toque a la trama: narra el accidente aéreo que tuvo un equipo de rugby uruguayo en 1972 en la Cordillera de los Andes camino a Chile y está protagonizada por Enzo Vogrincic (el actor que hace de hijo adulto de Iosi, el espía arrepentido) en el papel de Numa Turcatti, uno de los pasajeros del vuelo que no era parte del equipo. La trama podría llevar a reproducir los lugares comunes más clásicos del cine catástrofe, pero tal como ya lo hizo con Lo imposible (película que cuenta la historia de una familia que está de vacaciones por la costa del sudeste asiático cuando se desata el tsunami de 2004), Bayona construye una película de gran sensibilidad estética. La escena del impacto del avión es brillante, sobre todo porque pone el foco más que en la imagen en el sonido, pero no en los gritos desgarradores e inevitables de todo accidente, sino en el crack de un hueso que se rompe, en la hebilla de un cinturón que se abre, en una pieza del avión que se incrusta en una pierna. La música acompaña sin ninguna intención de predigerir ni guiar nada. Y la fotografía es impactante. Nieve, nieve y más nieve. Montañas, montañas y más montañas. El sonido del viento y la sensación de desolación y soledad atraviesan la pantalla.

Quedé tan copada que pensé que sería un buen plan pegarse un viajecito a la adolescencia y volver a ver ¡Viven! (1993), de Frank Marshall, protagonizada por Ethan Hawke y que cuenta la misma historia. No pudimos pasar la media hora. Por supuesto que los efectos son berretas mirados con la tecnología de hoy, pero no es eso, son las malas decisiones del guion, las tomas innecesarias, la fotografía insípida, ¡esa música constante de peligro inminente! Que una escena sirva como botón de muestra: el avión está en pleno vuelo, alegría entre lxs pasajerxs, un oficial de abordo les pregunta a los pilotos si quieren algo para tomar, a lo que uno contesta: «Por favor un té». El oficial se va hasta el fondo del avión y vuelve con un mate, ¡un mate que es filmado en primer plano durante varios segundos! Se lo da al piloto y este empieza a batirlo con la bombilla cual café instantáneo. No teníamos lectorxs sensibles en aquellos tiempos.
Memoria y objetividad nunca van de la mano, supongo. En mi recuerdo era una película que me había gustado mucho, y encima protagonizada por el flaco de La sociedad de los poetas muertos.
Coda I: Encrucijadas es la última novela de Jonathan Franzen. Todo lo que escriba va a ser poco y zonzo, porque basta con decir que es un libro genial e inolvidable. Cortito: cuenta la vida de lxs Hildebrandt, una familia estadounidense, son principios de los años setenta: un padre pastor, una madre ama de casa y cuatro hijxs. Podría también escribir sobre la construcción de los personajes, la ecología, la convivencia imperceptible con las aves, el discurso indirecto libre, el estilo mordaz de Franzen, la política, el humor, la trama, la estructura de los capítulos, la religión, los navajos, las mitologías, la fe, los menonitas, Vietnam, el feminismo, el amor, la familia… Pero mejor solo el comienzo: es la víspera de navidad y la nieve ya es un protagonista más, por momentos temible, por momentos anhelado.

Volvió a la ventana y lo encendió. Aún le quedaban energías; los antiguos órganos del deseo todavía funcionaban. Una de dos. Una de dos. Casi era cómico ver cómo su cabeza iba de un lado a otro entre polos opuestos, irreconciliables: la madre temerosa de Dios y la pecadora impenitente. Se asomó por la ventana hasta donde se atrevió, intentando huir del calor que salía del hogar y sentir el aire invernal en la piel. Se asomó aún más y notó una leve ráfaga de viento. Los copos de nieve se derritieron en sus mejillas. Todo era un desastre, y era maravilloso.
Juro que las 640 páginas no son suficientes, pero por suerte no es un final sino apenas el primer tomo de una trilogía titulada «A Key to All Mythologies» (claro guiño a Middlemarch). Solo hay que esperar. Y para aminorar la espera y conocerlo un poco más, además de sus otros libros, claro, está online esta charla con Silvia Hopenhayn en el Malba, es del año pasado, cuando Franzen fue invitado del FILBA.
Coda II: ¿Acaso es posible extrañar a un personaje de ficción? Juancito Nieve, necesito saber en qué andás, cómo te estás sintiendo, si estás viendo a tus (supuestxs) hermanxs, si pudiste superar lo de Khaleesi…

Conocía la historia, la trama, el sufrimiento y el final…pero la fotografía y la música me atraparon tanto que no pofia dejar de verla 😊
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Totalmente! Gracias por leer 🙂
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