Herbarios

«Del latín herbarius. Colección de plantas secas y clasificadas, usada como material para el estudio de la botánica», dice el diccionario en la segunda acepción de la palabra herbario. Y a su vez dice Beatriz Sarlo en la introducción a El coleccionismo, de Walter Benjamin (Godot): «La colección tiene una tendencia utópica a querer completarse y saber al mismo tiempo que no puede ser completada». ¿Qué significaría tener un herbario completo? ¿Que contiene todos los ejemples de una zona determinada? ¿Cómo sería eso posible si hay lugares en los que habitan plantas que todavía no conocemos y ya están en peligro de extinción o extinguiéndose directamente?

La poeta estadounidense Emily Dickinson (1830-1886) coleccionó, recolectó, prensó e identificó más de cuatrocientas plantas en un herbario maravilloso que puede verse acá. A los nueve años empezó a estudiar botánica y a recolectar plantas y flores; a los doce ya ayudaba a su madre en el jardín. Armó este herbario, que todavía hoy sigue siendo material de consulta, en siete años (1839-1846). Me pregunto si después habrá seguido recolectando, quizás guardaba los ejemplares en libretas, o en libros, o entre papeles sueltos, o en correspondencias, ya sin el rigor del herbario y su reclamo de datos precisos: nombre del ejemplar, lugar y fecha de la recolección, etc.

La editorial española Ya lo dijo Casimiro Parker publicó hace unos años un libro bellísimo: Herbario & Antología botánica, de Emily Dickinson, en el que se reproduce el herbario completo y una selección de poemas confeccionada y traducida por Eva Gallud. Al final del libro hay dos agregados que se agradecen: la selección de poemas en inglés y un índice de las plantas mencionadas en los poemas y también en el herbario. Pero hay aquí una observación editorial que no puedo dejar de hacer: el herbario ocupa 64 páginas centrales a color y sin foliar, lo que hace que el índice se vuelva prácticamente inservible, hay que ponerse a contar hasta la página 20, o la 35, o la 41…

A través de Maria Popova di con esta canción de Joan As Police Woman que interpreta el poema «Bloom» (poema 1058) y además lo animaron con imágenes tomadas del herbario de Dickinson, puede verse acá.

Bloom—is Result—to meet a Flower
And casually glance
Would scarcely cause one to suspect
The minor Circumstance

Assisting in the Bright Affair
So intricately done
Then offered as a Butterfly
To the Meridian—

To pack the Bud—oppose the Worm—
Obtain its right of Dew—
Adjust the Heat—elude the Wind—
Escape the prowling Bee

Great Nature not to disappoint
Awaiting Her that Day—
To be a Flower, is profound
Responsibility—

En estos días seguí leyendo Vivo más feliz en la tormenta (Rara Avis), la fantástica selección de cartas de Rosa Luxemburgo a amigas y compañeras y quedé fascinada con algunos datos puntuales: en 1890 Rosa se muda a Suiza para estudiar botánica, disciplina a la que regresará un par de años más tarde, cuando las discrepancias con el partido comunista alemán se vuelvan cada vez más difíciles de sobrellevar. Rosa decide entonces «entretenerse» armando un herbario personal, desde el año 1913 hasta poco antes de su muerte, en 1919. Recolectaba flores y plantas siempre que podía, en cada lugar que visitaba, incluso en los largos períodos en los que estuvo privada de su libertad. A veces anotaba el nombre del ejemplar en alemán y en latín más el lugar y la fecha de la recolección, otras no era tan rigurosa y se atrevía a completar a lápiz un tallo que faltaba, el borde de una hoja medio maltrecho, y uno que otro ejemplar quedaba huérfano de nombre, como puede apreciarse a lo largo de los dieciocho cuadernos que constituyen su herbario. Por el momento, según lo que pude averiguar, solo hay una edición en alemán. Aunque algunas páginas están reproducidas a color en esta correspondencia.

Así como flores, semillas, pétalos, hojas son presencias recurrentes en la poesía de Dickinson, también lo son en la correspondencia de Rosa Luxemburgo. El 30 de abril de 1916 le escribe a su amiga Clara Zetkin: «El jardín debe estar maravilloso, ya que incluso acá, en mi pobre Südende, todo rebosa de frescura y belleza. La vista al jardincito de frutas desde la ventana de mi cocina es encantadora; ya todo está en flor: cerezas, manzanas, duraznos; las dos clases de grosellas y el membrillo japonés resplandecen en los jardines; las forsitias ya están dejando de florecer».


Coda 1: Junto flores y plantas desde chica, sin ningún rigor archivístico, no anoto nombre, ni lugar, ni fecha de la recolección; suelo dejarlas sueltas en agendas y libros. El año pasado hice un pequeño juego que consiste en juntar una flor por mes e indicar el lugar en donde fue recolectada.

Pero este año las cosas van a cambiar (o eso deseo). Tengo un kit de recolección de Rubisco que consiste en una prensa botánica (con opción para tornillos o con un cinto), una tijera, una pinza, un cuaderno para armar el herbario y un pequeño instructivo «Introducción al arte del prensado botánico».

Este verano en El Bolsón empecé a armar un herbario de forma más sistemática. Creo que un buen dato (y una muy buena ayuda) es la app Picture This: sacás una foto de la flor que vas a recolectar y te dice el nombre popular y también el nombre en latín. Hay una parte de entrega y sorpresa en el momento del prensado que lo vuelve muy especial. Acomodás la flor en una hoja, vas apoyando encima otra hoja y empieza el misterio, por más que coloques la hoja con cuidado el prensado cobra vida y hace lo que quiere, es toda una sorpresa ver luego cómo quedó esa flor, si se le dobló un pétalo, si apareció un bichito y quedó estampado en alguna parte, si se perdió un pétalo (como la rosa mosqueta de la foto).

Coda 2: Tengo muchas ganas de ver la película Herbaria (2022), de Leandro Listorti. La dan en el Malba hasta el 18 de febrero; también está cargada en Mubi pero no está habilitada para ver.

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