Hilos

Hasta el 8 de agosto puede verse en el Malba la muestra Tejer las piedras, de la artista peruana Ana Teresa Barboza. En sus obras puede apreciarse un gran dominio de técnicas vinculadas con el bordado, el tapiz y la cestería, también la intervención de fotografías y un particular interés por el origen de los materiales empleados (algodón, lanas, piedras, juncos), sus formas, texturas y colores, y sobre todo lo que su producción significa para las comunidades indígenas de Perú.

Al trabajar con estas fibras a una le da la curiosidad por entender de dónde vienen, y cómo los artesanos tienen esos conocimientos acerca de la práctica que hacen: sobre los animales, las plantas, el clima y el agua. El tejido, al final, no solo es una imagen, sino que también habla de todo lo que se desarrolla alrededor de una fibra en un lugar específico.

Ana Teresa Barboza

De alguna manera, en la reivindicación de lo manual y de los tiempos de la productividad artesanal inevitablemente entra en juego la sustentabilidad de todo el proceso y el vínculo amoroso con el entorno. Qué poco sabemos del origen de las cosas que consumimos, de las personas involucradas en los procesos productivos, de las condiciones laborales que muchas veces padecen.

Un catálogo de lanas teñidas con tintes naturales.

Y así entre lanas e hilos me acordé de Punto de cruz, una novela de la escritora mexicana Jazmina Barrera. Narrada en primera persona, todo comienza cuando Mílada (Mila), la protagonista, se entera de la muerte de una amiga de la adolescencia. Su primera reacción es no responder el mensaje e intenta distraerse cuidando a su pequeña hija, dedicándose a los quehaceres de la casa, quiere bordar pero se pincha una y otra vez los dedos. El dolor no le da respiro y tampoco la culpa, no puede dejar de preguntarse por qué no se preocupó por su amiga cuando todavía había tiempo. En un gesto casi reflejo frente a la noticia de una muerte, revuelve viejos cajones y encuentra una libreta de un viaje que hicieron las dos junto con otra amiga a Europa a los 20 años. Entradas de museos, tickets de metro, pasajes de avión, envoltorios de chicles, hojas secas se van complementando con las notas de la libreta y comienza a hilvanarse el rompecabezas. Pero antes del viaje está el origen del grupo: la escuela secundaria. Con un estilo fresco y delicado, Barrera va cosiendo una historia sobre el pasaje de la adolescencia a la adultez, la amistad femenina, los secretos compartidos, los pequeños abusos vividos con culpa y vergüenza, confesados a medias solo a las amigas más confidentes. La mirada sobre estos hechos de violencia que Mila tiene en el presente del relato contrasta fuertemente con la percepción que se tuvo en el momento en que estos sucedieron, durante los años noventa, y el ambiente se recubre con un matiz esperanzador: las cosas están cambiando (y por qué no ser todavía un poco más optimistas: el patriarcado se va a caer).

Uno de los recursos que más me gustaron de la novela es la incorporación de otros textos y citas sobre el bordado, como la Leyenda de los soles maya quiché, la genealogía bordadora de la protagonista, Anne Brontë, un manual de bordado de 1886, Tracey Emin, Louise Bourgeois y su madre, y la lista sigue, pero no quisiera dejar sin nombrar un texto bellísimo de Margo Glantz, «La modernidad empieza con la aguja», en el que puede leerse:

La actividad culinaria o la actividad de la rueca son tan importantes en la historia como el descubrimiento del bronce o del hierro: tejer o bordar son actos definitivos, mucho más definitivos que producir una atómica. Si la historia la hiciesen las mujeres se registraría el descubrimiento de la aguja y del hilo como el inicio de la era moderna.

Para ir terminando, tres cortitas y al pie:

1) ¿Es posible acaso nombrar a Louise Bourgeois como al pasar y nada más? Es una artista fascinante, hace un tiempo que vengo juntando un par de apuntes para escribir un poco más largo sobre ella en algún otro posteo, pero por lo pronto quiero mencionar su obra como artista textil, los tempranos diseños que hizo para la tapicería de su familia, y dos libros: una biografía para chicxs, Nana de tela. La vida tejida de Louise Bourgeois, escrito por Amy Novesky e ilustrado por la genial Isabelle Arsenault. Y el segundo libro es una edición artesanal argentina de Natas Editora: Luisa.

2) Y si de mujeres reunidas y secretos compartidos se trata, es inevitable mencionar la película How to Make an American Quilt (1995) protagonizada por Winona Ryder, que interpreta a una joven que está terminando de escribir su tesis y atraviesa una crisis romántica con su novio, por lo que decide ir a pasar una temporada a la casa de su abuela hasta que se le aclaren las ideas. Allí conocerá la historia de diferentes mujeres que se reúnen a coser una manta en común, cada una tiene a su cargo un cuadrado, mediante el cual contará la historia de su vida (en rigor no estamos hablando de bordado sino de patchwork, pero a quién le importa este detalle técnico). La peli es despareja, las historias por separado funcionan muy bien, las actuaciones son buenas, pero en el momento de juntar todo algo falla, y eso que paradójicamente la manta final queda bellísima.

3) Se habla mucho de bordar como sinónimo de meditación, como un estado de trance. Pero poco se dice sobre las hebras que se desarman. Una que se traba. Otra que se enreda. Demasiada fuerza y el papel se rompe. Demasiada fuerza y la tela se desgasta. Cobra vida una galleta. Se agranda. Desborda los límites de la paciencia. Respirar hondo. Una vez. Dos. Tres. Desarmar todo y volver a enhebrar.

3 Comentarios

  1. Me gustó mucho tu nota, Virginia. Me dio ganas de volver a la muestra del Malba, que vi un día en que estaba demasiado cansada. Me gustó mucho la relación con Louise Bourgeois: cómo olvidar esas figuras que combinan mármol con tejido, con telas rellenas. Aquel soldado herido, por ejemplo, o las camitas de mármol con figuras de tela.
    Gracias.
    y te dejo una foto de Sabine Niepce, de una pastora tejiendo mientras pastorea, de los años 50.

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