La pasión, de Jeanette Winterson (9/52)

Si hay algo de maravilloso que tiene la lectura es que es como una renovación de votos constante: pasan libros buenos, otros no tan buenos, otros que ni fu ni fa, la llama se apaga, empieza a reinar el tedio, pero de repente todo cambia. Damos con ese libro bellamente escrito, subrayamos frenéticamente, no terminamos de leerlo que ya estamos buscando más de ese mismo escritxr.

Esto es exactamente lo que me pasó con La pasión, de Jeanette Winterson, publicada originalmente en 1987. A ver, antes de avanzar me gustaría detenerme brevemente en algunos puntos: nunca la tapa debería alejarnos de los buenos libros (y eso que esta se esfuerza); tampoco debería hacerlo el título (en este caso la combinación con la imagen de tapa más la tipografía da novela romántica berreta; ya sé que es de hace unos años, pero en su momento también tiene que haber sido un horror); y por último a veces la contratapa juega en contra (en este caso, catalogarla como novela histórica).

Jeanette Winterson nació en Inglaterra en 1959 y a los pocos meses fue adoptada por un matrimonio religioso. Fue educada para convertirse en misionera cristiana pentecostal. A los 16 años les dijo a sus padres que le gustaban las mujeres y abandonó su casa. No tengo intención de hacer chimentos de escritores, pero me sorprendió la dedicatoria de la novela: A Pat Kavanagh. La agente literaria británica y esposa de Julian Barnes, a quien dejó durante una temporada para irse a vivir con Winterson.

Henri es un jovencísimo campesino que se enlista en las filas del ejército de Napoleón Bonaparte; lo admira profundamente, lo sigue durante años interminables, al principio en la campaña por la conquista de Inglaterra, luego en el desolado y terrible frente ruso. Sobrevive gracias a su rol: lejos de los combates, será cocinero y sirviente del emperador, nunca le va a faltar abrigo o comida. En paralelo aparece el otro gran personaje de esta historia, la joven y palmípeda Villanelle, que abandona su Venecia natal huyendo de una pasión imposible: su amante es una mujer casada, a quien le entregó su corazón. La pasión de Henri por Bonaparte será pasión trágica cuando tenga como centro a Villanelle, juntos intentarán la odisea de viajar a pie desde Rusia hasta Venecia, la ciudad de las máscaras, los juegos y los disfraces. Habrá que ver qué sucede con la pasión de Villanelle por su amante. Incluso la pasión de Bonaparte por el poder y los pollos.

Releo el párrafo anterior y pienso en lo poco tentador que quedó, es que la trama es lo de menos. La sensibilidad de Winterson atraviesa su escritura, como también ese humor inteligente y certero que te arranca una risa con ruido mientras estás leyendo el libro. La pasión como un caleidoscopio doloroso que multiplica al infinito sus alcances.

La tememos, tememos la pasión y nos reímos en exceso del amor y de los que aman sin límites. A pesar de todo, ansiamos sentir.

Me he puesto a trabajar en el jardín. Aunque hace años que nadie lo toca, me han dicho que en otros tiempos había rosas tan olorosas que, con viento a favor, se olían desde San Marcos. Ahora solo es una agresiva maraña de espinas.


Única coda. Nomás para intentar darle sentido al objetivo de este blog, ese de archivar objetos perdidos, en este caso sería más bien un deseo, ya que el tema de la pasión me hizo recordar al baile. En concreto al Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín: estxs bailarines son la pasión hecha cuerpo. Voy poco a ver propuestas de danza y cada vez que voy digo que quiero ir más seguido, sin nunca cumplirlo. Que quede entonces acá registrado ese deseo. Más un recuerdo de la maravilla que fue ver hace poco la retrospectiva de Ana María Stekelman y un aviso: este fin de semana hay funciones gratuitas en el Parque Centenario (más info acá).

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