La distancia que nos separa, de Maggie O’Farrell (7/52)

Me gustan los comienzos, que queden registrados en el momento mismo en que suceden, no ya empañados por el paso del tiempo. Insólitamente, creo que este blog va a servir para algo: ir al momento exacto en que leí por primera vez a Maggie O’Farrell, una de mis escritoras favoritas. Fue a comienzos de la pandemia, compré Instrucciones para una ola de calor por tan solo 250 pesitos, se puede leer acá.

En estos días leí La distancia que nos separa, su tercera novela, recientemente publicada en castellano. Siempre es un buen plan leerla, pero sin dudas es una novela que presenta más de un problema en su estructura, se vuelve innecesariamente larga, hay diálogos inverosímiles, personajes desdibujados. Lo sorprendente es que puede vislumbrarse en estas páginas el germen de lo que van a ser sus próximos libros, como si estuvieran esbozadas las búsquedas estéticas y estilísticas que recién concretará más adelante. Así como existen escritorxs que debutan con una primera novela descollante e inesperada, pero nunca vuelven a escribir algo de esas dimensiones, también hay otrxs en los que puede rastrearse una suerte de crecimiento… no sé, quiero evitar la idea de evolución… ¿quizás un entrenamiento previo a la «gran obra»?

Los temas son los mismos de siempre: la familia como célula que te atrapa, te expulsa, te potencia, te condiciona; una historia de amor con algún elemento en principio atípico; un secreto que va tomando forma a medida que avanzan las páginas y se revela recién al final; la memoria y la identidad en sentido amplio, elementos vinculares fundamentales a nivel particular y comunitario. Estructurada en cuatro partes, la primera es un caos. Intenta ser la presentación de los personajes (historias distantes que parecería imposible imaginar que en algún momento van a cruzarse, algo típico y reiterado en casi todos sus libros), es decir, aparecen los protagonistas, Jack y Stella, ella en Londres, él en Hong Kong, a lo que se suma la presentación del resto de los personajes y, aquí creo que lo más desafortunado de todo, un ida y vuelta confuso y redundante del presente narrativo hacia el pasado. Lo que parece una cama elástica divertida y estimulante, un salto estilo palito, otro bomba, una vuelta mortal, rápidamente se vuelve algo frenético e incontrolable. Aparece el mareo, una se quiere bajar, basta de saltos, pero hay que resistir: una vez pasada la segunda parte la historia cobra fuerza y aparece la escritora que por momentos ya es, pero que sin dudas será.

A él le preocupa ser tan insípido, no oler a nada. No es más que un niño de Edimburgo, presbiteriano y bien educado, que vive con su madre y no tiene ningún atractivo, le parece. A veces, cuando vuelve a casa entre la niebla nocturna, tiene la sensación de ser insustancial, tan normal, que piensa que podría volverse invisible, incorpóreo. Necesita algo que lo defina, un olor, una particularidad, algo que lo distinga, para que la gente deje de preguntar «¿Qué Archie?», y pueda decir, en cambio: «Archie, el que se casó con la italiana».


Coda 1. Es sabido que cuando algo se espera con ansias y las expectativas son desmedidas es muy difícil que termine bien. Creo que es un poco lo que pasó con el estreno de Hamnet, una película taaaaan esperada, sobre todo para quienes consideramos que el combo era imbatible: una novela espectacular + la autora involucrada en el guion + una directora de cine fantástica + dos actores buenísimos. El otro punto, tan obvio como fundamental, que no puede quedar afuera del análisis: aceptar que se trata de una adaptación y, por consecuencia, de una pieza artística diferente.

Sobre la novela en su momento escribí acá y sobre la película hay sesudas (y no tanto) críticas dando vueltas por el ciberespacio. A mí me gustó. La historia es fantástica y Zhao encuentra la manera de contarla sin caer en golpes bajos y manteniendo el mismo vértigo que la novela (bien sabemos desde el principio lo que va a pasar, ¡si nos lo dicen!, y sin embargo el impacto, cuando llega el momento, es total), lxs actores la acompañan (qué agradable volver a ver en pantalla a Emily Watson) y creo que hay pequeños momentos en los que la pluma de O’Farrell se nota. Pero claro, es la novela en la que O’Farrell más explora con la materialidad del lenguaje, en las descripciones, en los pensamientos, en los diálogos; de todos sus libros creo que es el que la confirma como una gran narradora con un estilo único. Como decía el gran Panigassi: «Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa».

Coda 2. Me gusta el cine de Zhao. Songs My Brothers Taught Me, su primera película, explora el pasaje de la adolescencia a la adultez en una comunidad de nativos americanos de Dakota del Sur, con el foco puesto en el vínculo entre dos hermanos. El hermano mayor no ve el momento de terminar la escuela para irse, pero duda, no puede dejar a su hermana. Una historia chiquita, triste y bellamente contada. Otra que me gustó mucho es Nomadland, protagonizada por Frances McDormand que está brillante. Una crónica certera sobre el mundo del trabajo de los últimos años: una fábrica que cierra, una localidad que se vuelve un pueblo fantasma. Una mujer pierde su trabajo de años, al poco tiempo muere su marido (también trabajaba en la fábrica) y decide venderlo todo para comprarse una casita rodante y viajar por Estados Unidos, tomando trabajos esporádicos. Hermosa.

Coda 3. Cortita, otro recuerdo de la pandemia, la serie irlandesa Normal People. Hermosísima. Una historia de amor en el momento justo en que sus protagonistas abandonan la adolescencia para entrar en la adultez, desde una mirada cruda y sensible, que permite ver sus lados más oscuros y miserables. Primera vez que vi algo con Paul Mescal, encantador. Leí la novela de Sally Rooney en la que está basada, no está mal, pero just not my cup of tea.

Coda 4. Última: la película Fingernails, de Christos Nikou, protagonizada por Jessie Buckley y Jeremy Allen White. Anna y Ryan viven juntos, se llevan bien, tienen una vida tranquila, sin embargo ella duda. Trabaja en un laboratorio que está experimentando con un nuevo estudio que permite, luego de una serie de evaluaciones, determinar el porcentaje de compatibilidad de una pareja. Anna participa del estudio y los resultados la llevarán a tomar decisiones de las que no se hace cargo o, quizás, no se amina a aceptar. No es la película de tu vida, pero es interesante para pasar el rato.

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