
Hoy tengo un montón de preguntas. O bueno, algunas. ¿Por qué elegimos leer un libro y no otro? A primera vista parece una pregunta inconducente, pero tiene sus matices y, por lo general, en la imperceptibilidad de los matices hay derivas interesantes. Me gusta Carrère, me gusta el yoga, varixs amigxs leyeron el libro en cuanto salió y lo recomendaron, con más o con menos vehemencia, pero es un libro muy celebrado. ¿Por qué tardé cuatro años en leerlo? La variable tiempo/falta de tiempo queda descartada (cuando un libro es bueno, les roba horas a otras actividades). Ya descartamos la variable interés. ¿Entonces? ¿Quizás todo el affaire con la exesposa sobre el derecho a la privacidad, un contrato incumplido, los límites de la autoficción, etc., etc., me hayan agotado y generaron desinterés? Puede ser… a veces todo el circo que se produce alrededor de un libro termina siendo contraproducente. Como sea, lo leí hace unos meses, estando de vacaciones.
Me gustó mucho. En la contratapa se lee una frase que me irrita y me atrapa en iguales proporciones: «El lector tiene en sus manos un texto de Emmanuel Carrère sobre Emmanuel Carrère escrito a la manera de Emmanuel Carrère». Y sí, una se agota de tanto EC, pero a la vez es un resumen perfecto del libro. EC practica yoga desde hace más de veinte años y también medita. Es muy interesante cómo comparte su recorrido, las fuentes que usa, encima el ritmo es atrapante. Toda la experiencia en un retiro de meditación Vipassana al que se anota está narrada desde una perspectiva un tanto pedante por momentos, pero siempre sensible. Se detiene en distintas escuelas y maestros, maneras de encarar la respiración, esboza una definición del om, reflexiona sobre su propia escritura -¿qué debería dejar en un libro sobre yoga, qué debería eliminar?- y tiene un par de apartados deliciosos para bibliófilos: piensa la contratapa del libro y narra varias anécdotas junto a su editor de toda la vida, Paul Otchakovsky-Laurens, quien ha fallecido recientemente. Este será el primero libro que POL no lea.
Hasta acá la parte del libro dedicada al yoga. Faltan la historia del final de una pareja, la internación de EC en un neuropsiquiátrico, diagnosticado con bipolaridad, su viaje a Grecia y toda una crónica apasionante sobre jóvenes migrantes, el atentado a Charlie Hebdo en París y seguramente me quede algún tema más que me estoy olvidando ahora. ¿Es un libro para gente del mundo del yoga? Muchxs me lo preguntaron. Supongo que depende de las expectativas con que se lo lea. No es un libro teórico ni ensayístico, sino la aventura de un personaje fascinante con una vida de lo más variada y que, sin lugar a dudas, sabe contarla.

Algunas de las otras preguntas, nomás a modo de ayudamemoria para el futuro: ¿Cómo sería armar una biblioteca yogui diversa y alternativa? ¿Estarían los textos clásicos de filosofía de la India? ¿Qué escuelas de yoga formarían parte? ¿Entrarían las biografías? ¿Y los libros sobre meditación? ¿Algunos de anatomía? ¿Yoga y ecología? ¿Mindfulness? ¿Yoga para dummies? ¿Libros de fotografía de la India?¿Yoga y feminismo? ¿Narrativa? ¿Poesía? ¿Estaría en sus estantes este mismo libro?
Coda. Hoy estoy muy preguntona -que no es lo mismo que cuestionadora-, pero desde hace un tiempo que vengo pensando el tema del consumo, qué necesitamos de verdad, qué no, etc., lo de siempre, nada nuevo bajo el sol. Pero, decía, venía pensando en la cantidad de libros que tengo en la biblioteca sin leer, algo típico de todx lectxr, sí, es cierto. Incluso hay una palabra japonesa muy de moda: Tsundoku (積ん読), que vendría a ser algo así como la acción de comprar libros con la intención de leerlos pero sin hacerlo nunca. ¿Simpático? No sé, porque si lo comparo con una amiga que tiene el placar lleno de ropa sin estrenar veo las similitudes y la verdad que me incomoda.

Durante varios años este otro libro de EC habitó mi biblioteca sin ser jamás leído. Supongo que lo compré porque quedé enloquecida con Limonov (¡qué libro fantástico!). En este baile de no consumir por consumir no me quedó otra que leerlo. Es un libro durísimo, la muerte es la protagonista: una niña pequeña muere en un tsunami y una mujer joven muere a causa de un cáncer. EC es testigo involucrado en ambas historias y las narra de manera magistral, no hay golpes bajos ni descripciones innecesarias. Sin embargo se pasa con las escenas sobre sí mismo: cruza en varias ocasiones ese límite tan fino e invisible que hay entre la autoficción y el yoismo. Tengo el final subrayado:
A veces he oído decir que la felicidad se aprecia retrospectivamente. Pensamos: no me daba cuenta, pero yo era feliz entonces. En mi caso no es cierto. He sido infeliz mucho tiempo, y muy consciente de serlo; hoy amo lo que me ha tocado en suerte, y no tengo mucho mérito porque es algo amable, y mi filosofía entera se resume en la frase que habría murmurado, la noche de la coronación Letizia, la madre de Napoléon: «Con tal de que dure».