
Durante agosto hice un pequeño reto, modesto: caminar cada día 5 kilómetros, todo quedaría registrado en una app. Al terminar el mes el resultado arrojó que había caminado 155 kilómetros. Que vendría a ser lo mismo que ir y volver de Buenos Aires a Luján. O ir desde Bolonia a Venecia. O poquito más que ir desde Piriápolis a La Paloma.
Mientras caminaba:
Se largó a llover.
Me sorprendí recordando letras enteras de canciones que no escuchaba desde hacía años.
Anduve por cuadras del barrio que todavía no conocía.
Compré un kilo y medio de nalga para hacerles milanesas a mis hijos.
Escribí en la cabeza la contratapa de una novela que me gustó mucho. Después cuando la pasé a la compu también me gustó lo que había escrito, ya no solo la novela.
Tuve frío.
Escuché una meditación para caminar. No me gustó y la abandoné.
Hice la mitad del recorrido con una amiga que se mudó demasiado lejos pero justo estaba de visita. La extraño todos los días.
Robé algunas flores.
Tomé agua.
Compré una entrada para ir al teatro.
Escuché al vendedor de pescado de Triunvirato y Los Incas decirle a un hombre: «Qué bien tan temprano y ya caminando». A lo que él respondió: «El deporte de los viejos».
Me soné varias veces la nariz.
Escuché a un tordo cantar. Creo que era un tordo.
Durante demasiadas cuadras lloré. O lloré demasiado durante algunas cuadras.
Escuché una entrevista buenísima a un director de cine que me recomendó una amiga que a su vez hizo otra amiga.
Saqué algunas fotos.


Discutí con un conductor que no quería parar en la senda peatonal para que la gente cruzara. En verdad no dije nada, solo levanté la mano derecha moviéndola de atrás hacia adelante, o sea: pará, pará, pará.
Hablé por teléfono con un amigo durante un montonazo de cuadras. Él se estaba preparando para un viaje; yo lloraba.
¡Tuve tanto calor!
Compré alcauciles (pero no a mi verdulera, entonces cuando estaba a unas cuadras de casa me los tuve que esconder adentro de la campera).
Recordé pasajes de Del caminar sobre hielo, de Herzog. Quién no quisiera tener un amigo loco que combate la enfermedad de una amiga con la promesa de una caminata cumplida.

Hablé por teléfono con mi papá sobre 1883 y 1923. Inevitablemente siempre que mencionamos a Harrison Ford terminamos hablando de Star Wars e Indiana Jones.
Robé un par de flores más.
Hice un reclamo a Visa y me solucionaron el problema. Me atendió una chica muy amable.
Escuché noticias y me acordé de alguien que dijo «Me duele este país».
Me dolió el isquiotibial derecho. Solo un poco.
Repasé los nombres de algunas posturas de yoga que me cuestan mucho (qué difícil el sánscrito, che).
Tuve sed.
Una noche di mil vueltas a la plaza que está cerca de casa. Había estado todo el día trabajando en la computadora y la noche me encontró con apenas 20 pasos hechos. Ver el circulito rojo completo se vuelve adictivo. ¿O es voluntad? ¿Prepotencia arltiana?
Dejé que un perro grande me lamiera la mano izquierda.
Vi muchos edificios en construcción y máquinas gigantes como transformers.
Armé una lista de deseos/objetivos para cumplir antes de que termine el año. Son cuatro.
Me confundí de calle y me perdí. Terminé en un vivero y me sentí en la obligación mística y moral de comprarme una planta. Una monstera adansonii (sí!, la de las hojas con agujeritos).
Me acordé de algo importantísimo que tenía que hacer, pero cuando llegué a casa ya lo había olvidado.
te leo y te admiro siempre ☺️
Me gustaLe gusta a 1 persona