Sharmistha Mohanty

Qué miserable y fulero fue este 2024. Claro que agradezco y celebro el refugio encontrado en los vínculos, pero, en vez de detenerme en la cantidad de atrocidades perpetuadas por este gobierno cruel e ignorante, prefiero repasar aquellos espacios vinculados con el arte y la cultura que, aunque suene un poco pomposo, actuaron como polos de resistencia. Quisiera destacar uno en particular, sobre todo por lo emocionante que fue: la Feria de Editorxs (FED). Casi 25.000 personas se acercaron para ver las propuestas de más de 330 editoriales, la mayoría argentinas pero también de otros países de Latinoamérica y de España. A veces se dice que los números son datos objetivos solo para justificar lo injustificable, pero también es cierto que ayudan a dimensionar algunas cosas. Que esta cantidad de gente se haya hecho un momento es sus rutinas para ver libros y escuchar sobre nuevas propuestas (ya sea de temas, de estilos, de nuevas traducciones o versiones) es una alegría. Claro que el tema de las compras va por otro carril, pero no deja de ser esperanzador que seamos tantxs lxs que seguimos creyendo en los libros. (Sin ánimo de irme por las ramas, recordé un fenómeno particular que se da sobre todo en las redes sociales durante esos días de feria. La llamada «foto botín FED», que consiste en subir una foto con los tres, cuatro, siete libros que se compraron. ¿Qué es lo que se está compartiendo/mostrando? Claramente esos libros todavía no fueron leídos, o sea que no se trata de una recomendación, ni de un comentario, ni de una no-recomendación. Bien podría aparecer en esa misma foto un paquete de papel higiénico, un café y un kilo de mandarinas y el hashtag sería #miscomprasdeldía).

Mejor volvamos al tema que el título de este posteo, sin misterio alguno, anticipa: Sharmistha Mohanty. Recorriendo la última FED me encontré con este libro de una autora que desconocía por completo, como también a la editorial artesanal maravillosa que la publicó: Ninguna orilla.

Sharmistha Mohanty nació en Calcuta en 1959, hoy vive en Mumbai. Poeta, traductora, guionista, profesora de escritura creativa en la Universidad de Hong Kong y en la Universidad Naropa. Desde muy joven tuvo una fuerte conexión con Chile a través de su poesía: a los 16 años leía, en inglés, a Mistral, a Neruda, a Huidobro, a Nicanor Parra. Invitada por la Cátedra Roberto Bolaño de la Universidad Diego Portales en abril de 2024, dio una conferencia que puede verse acá, en la que cuenta, entre tantas otras cosas, sobre su entrañable amistad con Sergio Chejfec y con Raúl Zurita, quien dijo sobre Cinco movimientos de alabanza (traducido por Antonio Díaz Oliva): «Un libro maravilloso que en medio del horror del mundo nos devuelve la esperanza en lo poético».

Estructurado en cinco partes (Pueblo, Bosque, Ciudad, Cuevas y Paisajes) que en principio se leen como relatos independientes, pues son cinco mujeres que en cada uno emprenden diferentes caminos, y cambian también lxs narradorxs, sin embargo hay una atmósfera que los hermana, incluso brindándoles cierta temporalidad compartida que acerca el libro más a una novela de lo que lo aleja. Aunque hay que dejar en suspenso la forma novela en términos occidentales, porque la concepción del tiempo y del espacio, de los vínculos con lo humano y lo no humano que subyace en el libro es otra, a veces difícil de asimilar, pero siempre inquietante y bellamente escrita.

En la novela europea o anglosajona siempre hay una separación entre lo humano y lo no humano, una clara jerarquía. Eso tiene sus propias razones históricas y culturales. Entonces, lo que llamas huir del detalle realista en mi trabajo es solo una visión que abarca el universo con sus millones de elementos, de los cuales vemos muy poco a la vez, porque nuestra propia visión emocional y mental suele ser limitada.

Sharmistha Mohanty en una entrevista para Rialta

 «Es de noche y los amantes, dioses y viajeros caminan sin faroles», inicia así «Bosque», donde una viajera emprende un recorrido por los paisajes de unas viejas pinturas en miniatura que estudia y adora como también viaja a lejanos museos donde se exhiben esas mismas pinturas en miniaturas. El límite entre lo real y lo imaginario se vuelve difuso, al igual que los espacios que transita y sobre todo el tiempo que por momentos parece no transcurrir. «¿Qué otra cosa es igual de continua que la luz y la vegetación y el paisaje?, ¿qué otra cosa atraviesa el tiempo con la misma energía de algo que es capaz de perdurar?». Precisamente en este capítulo/relato aparece una biografía imaginada de uno de estos pintores : » Aquello que pinta se encuentra fuera del tiempo; aquello que pinta no es un momento que pasará (…) Al final lo que pinta es un paisaje para creer, no para dudar».

La mirada de Mohanty sobre lo ordinario, lo cotidiano, lo repetitivo se vincula con lo cósmico, aunque no seamos conscientes de ello, y es precisamente ahí donde radica toda su potencia en un caos sereno que invita a experimentar cada frase que leemos. Pero también a cuestionar quizás coordenadas lectoras propias de nuestro presente posmoderno, como cuando leemos «Recuerda la necesidad de los opuestos; el rey y el sabio, la noche y el amanecer, la mujer adulta y la niña». ¿Qué hacemos con el anhelado fin del binarismo?

No quiero seguir con una serie infinita de elogios, realmente es un libro que no esperaba y que releí varias veces y en cada una subrayé distintas partes, es así de maravilloso. Termino entonces con una clave de lectura totalmente insospechada: varios fragmentos me trajeron a la mente asanas de yoga. «Ahora cierra los ojos e imagina tus pies sobre el pasto, y debajo del pasto un suelo firme, y debajo de la profundidad de este suelo la primera capa de la tierra interior, y luego todas las capas hasta el centro, y entonces concéntrate en tu pie, está conectado a la tierra, esa que gira lentamente bajo tus pies». Pienso en esta cita cada vez que hago Tadasana.


Coda I. ¿Acaso se puede pensar en una literatura nacional (si alguna vez esto valió la pena) en un contexto donde los niveles de globalización son los más altos de la historia de la humanidad? En varios momentos de la lectura de Mohanty recordé la novela El dios de las pequeñas cosas, de la escritora india Arundhati Roy, una historia familiar fascinante, atravesada por amores prohibidos, peleas, muerte, frustraciones, y también un fresco interesante de la historia de un país de la mano de tres generaciones. (No es fácil entrar en el clima de la novela, la traducción no ayuda en lo más mínimo, pero una vez leídas las primeras treinta o cuarenta páginas, la magia sucede).

Coda II. La precisión con la que Mohanty elige cada palabra es algo tan sorprendente como hermoso. Como si hubiera palabras que nos guardamos para una ocasión especial, como cuando les separaba a mis hijos una muda de ropa sin manchas ni zurcidos por si teníamos que ir de visita. Pero no como hacía mi abuela Ermelinda, que se murió con centenares de cosas intactas que nunca usó, esperando vaya una a saber qué. No quiero que me queden palabras sin estrenar.

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