Tutti-frutti LIJ

El verbo leer no soporta el imperativo. Es una aversión que comparte con algunos otros verbos: “amar”… “soñar”…

Claro que se puede intentar. Se podría decir por ejemplo: “¡Ámame!” “¡Sueña!” “¡Lee!” “¡Lee! Pero lee pues, buena vida, ¡te ordeno leer!”.

– ¡Sube a tu cuarto y lee!

¿Resultado?

Ninguno.

Se duerme sobre el libro. De pronto le parece que la ventana se abre hacia algo muy deseable. Por allí se evade, para escapar del libro. 

«Como una novela», de Daniel Pennac

Gran visionario de esos carteles espeluznantes de cocinas modernas que de solo leerlos el agotamiento es instantáneo: «Ama, ríe, sueña, respira», Pennac da en la tecla cuando plantea que la lectura no se puede imponer. Son múltiples y variadas las estrategias, algunas más sutiles que otras, pero todas sugerentes al fin, para contagiar el amor por los libros. Y si esto sucede cuando somos chicxs, sin dudas es mucho mejor. Aunque no faltan los casos de grandes lectorxs que descubrieron su gusto por la lectura de adolescentes, o incluso adultxs.

Una excelente ocasión para contagiar el amor por los libros es justamente regalarlos para el Día de las Infancias. Con la excusa de esta efeméride comercial, y con la ilusión de que alguien que ande buscando una linda selección de lecturas dé con este posteo, con Ine Capurro (especialista en libros infantiles, juegos y juguetes, y amante de los conejos, entre tantos otros talentos), jugamos a una suerte de Tutti-frutti LIJ: son tres categorías (Amor, Animales, Aventuras), dos libros recomendados por cada una. ¡A leer que hay para todos los gustos!

Primera categoría: Amor

Ine: La conversación, de Sandra Siemens y Mariana Alcántara (Muñeca de trapo)

¿Quieres que conversemos?, le pregunta un nieto a su abuela. Bueno, contesta ella.  El niño arma un teléfono con dos latas de tomates y un ovillo de lana roja. Con todo listo, se colocan cada uno en una punta distinta de la casa y empieza la conversación.

Este relato construido entre tres países (editorial chilena, autora argentina e ilustradora de México) es pura ternura. Es precioso observar la transformación de las latas de tomate a lo largo de la historia y cómo se van reutilizando: primero sirven para hacer la salsa, luego se convierten en teléfono para terminar siendo macetas. El cariño y la sabiduría de las palabras de la abuela son entrañables. Porque siempre salen cosas distintas de una conversación.

Vir: ¡Quién iba a decir!, de Valeria Tentoni y Mariana Ruiz Johnson (Portaculturas).

Todo comienza con una pregunta: «¿Puede crecer una piedra?», y sigue con otra más: «¿Puede hincharse/ con el río/ con la lluvia/ con el mar/ como las esponjas?». Preguntar/se como una puerta de acceso al conocimiento, a la observación, al pensamiento. Un bellísimo poema que le hace espacio a ese tiempo ocioso y a toda su capacidad creativa, que a veces pareciera verse reducido a nada frente a tantos estímulos frenéticos. Las ilustraciones de Mariana Ruiz Johnson potencian aquello que leemos en palabras, y la selección de una paleta de colores reducida (verde y naranja) propicia una suerte de descanso y alternativa para una mirada embarullada. Una mención especial merece la colección Periquito y el cuidado diseño de Cecilia Alfonso Esteves. Entre otros detalles, son libros de pequeño formato que están acompañados por una faja, un póster y un señalador. Para no perderle el rastro.

Segunda categoría: Animales

Ine: Más allá del bosque, de Nadine Robert y Gérard Dubois, con traducción de Alys Mezhe (Pípala)

De autora canadiense e ilustrador francés, este libro narra la historia de un padre que desde siempre quiso saber qué se esconde más allá del bosque y, un día, tiene una idea gigantesca: construir una torre para averiguarlo. Con la ayuda de su hijo, su perro, y hasta de todos los vecinos, trabajará para lograr su objetivo.

Dice el epígrafe de Ai Weiwei, un activista y artista contemporáneo chino: “Es alentando la libertad y la fuerza del pensamiento de cada uno y confiando en nuestro instinto que las acciones colectivas cobran su sentido”. Y justamente este álbum habla de la empatía, del valor de la comunidad y de la acción colectiva que lleva al progreso.

Las ilustraciones son hermosas, con un estilo vintage que lo hace parecer un libro de rescate. En 2021 recibió el premio Best Ilustred Children’s Book, galardón que entregan el New York Times y la New York Public Library.

Vir: A de rinoceronte, de Harriet Russell, con traducción de Vanesa Fusco (Limonero).

Ya desde su título la propuesta desconcierta, ¡si «rinoceronte» no empieza con a! El abecedario desarrollado en este libro propone un recorrido según el orden establecido, pero justamente en el pasaje de una letra a la siguiente van surgiendo palabras que no se corresponden con la letra en cuestión, breves textos sinsentido e imágenes disparatadas y muy divertidas que además se van vinculando entre sí gracias a un calado que varía según la letra, una suerte de ventanita que anticipa lo inesperable.

Seguramente la lectura de este brillante asalto al diccionario tenga sus derivas en juegos de palabras insólitos, en rimas, en palabras inventadas. Entre los pilares de la promoción de la lectura suele aparecer aquel que sentencia que leer nos ayuda a construir un vocabulario más rico y así podemos expresar con mayor propiedad lo que pensamos y sentimos. Hay algo de cierto en esto, claro, pero cómo no recordar a Virginia Woolf cuando sostiene que se pueden meter todas las palabras adentro de un diccionario, pero estas en verdad viven en nuestra cabeza; por eso mismo cuando nos emocionamos nos cuesta tanto encontrar las palabras adecuadas para nombrar aquello que estamos sintiendo. Libros como este hacen que al menos nos acerquemos un poco.

Tercera categoría: Aventuras

Ine: Libro de maravillas. Inventario ilustrado de casi todas las cosas vivas, muertas e imaginadas, de Pere Ginard (Libros del Zorro Rojo)

Bienvenidos al gabinete de curiosidades de Pere Ginard. En este volumen, el autor recopila “con paciencia de entomólogo decimonónico”, todo lo que fue dibujando en sus cuadernos que pertenezca al mundo natural.

Las 101 láminas en blanco y negro conforman una enumeración audaz, disparatada y emocionante. Conviven temas tan diversos como las formas de la orina; cabelleras, melenas y mechones; una colección de lágrimas o las constelaciones que más brillan.

Es un llamado a la creatividad: se pueden copiar los dibujos, elegir un personaje y crear su propia historia, colorearlos, adoptar una nueva mascota… Esta aventura maravillosa recién comienza.

Vir: Ciudad alfabeto, de Nicolás Schuff y Pablo Boffelli (Musarañita).

El viajero Alvar Almendro hace un recorrido alucinante por Ciudad Alfabeto: de la A a la Z, cada parada está planteada en una doble página que a su vez representa una letra del abecedario.

Preguntas, descripciones, anécdotas, sueños que giran en torno a una letra elegida y generan oraciones disparatadas y muy divertidas, que en ocasiones también denuncian, como en la R: «¡Repartan la riqueza, angurrientos!». A su vez, la relación del texto con la ilustración recuerda a los viejos libros de ¿Dónde está Wally? No solo se lo puede buscar a Alvar Almendro con su dron-bola en cada página, sino que también se vuelve casi adictivo encontrar a cada uno de los personajes y las diversas situaciones que aparecen en cada letra. Un libro que contagia las ganas de viajar, observar, jugar con las palabras, aprender palabras nuevas, pero sobre todo, divertirse mientras nos hacemos nuevas preguntas.

Resultado: ¡Empate! Son todos libros buenísimos. No se dejen llevar por las etiquetas del mercado que les ponen edades a lxs destinatarixs de los libros (¡edades!). La literatura, ya lo aprendimos, es literatura. Pero si hace falta, nunca está de más inventarse un sobrinx imaginarix a quien leerle en voz alta.

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