En los dos últimos años de la secundaria tuve un profesor de literatura brillante. De esas personas que te marcan para toda la vida, de hecho en gran parte seguí la carrera de Letras por su culpa: quería pasar el resto de mi vida en una de sus clases hablando de libros, de lecturas, de literatura. Me acuerdo que para el primer examen dijo que podíamos tener los textos literarios sobre el banco. Varios de mis compañeros se rieron y decidieron no estudiar. No aprobó ninguno. Cuando entré en la facultad me enteré de que era un especialista muy reconocido en literatura inglesa. Para mí siempre va a ser mi profesor de literatura de la secundaria. Entre otras cosas, le debo las lecturas en clave humorística de Borges (¡Borges tenía humor!) y también el placer de leer a Shakespeare.

La semana pasada fui al teatro a ver Medida por medida (la culpa es tuya), de Gabriel Chamé Buendia, que adapta una comedia que Shakespeare escribió a principios del siglo XVII. Como suele pasar con los clásicos, la vigencia es total: corrupción, abuso de poder, falsa moral, crueldad son elementos clave en esta comedia que por momentos se vuelve un poco trágica, sobre todo cuando el texto se contemporiza y hace referencia a nuestro desgraciado e inaudito presente. Son catorce personajes interpretados por cinco actorxs que dominan diferentes lenguajes: clown, mimo, trucos de magia, imitaciones, incluso en los momentos más soeces resuenan ecos del circo criollo. El intercambio con el público es reiterado y uno de los personajes hasta se hace cargo y redobla la apuesta: «Hacer participar al público es grasa». Son casi dos horas de adrenalina pura y entre los cambios de personajes y las destrezas y acrobacias, el cansancio de lxs actorxs se hace evidente, incluso reflexionan sobre esto: «¡Qué larga es esta obra! ¡No termina más!». Y eso es justamente lo que deseamos desde las butacas, que este desparpajo hermoso e inolvidable no termine nunca.
Shakespeare nos interpela cuestionando la esencia de las leyes y poniendo en duda los valores que nos gobiernan: ¿leyes o abuso de poder? ¿Rigor o compasión? Sobre el extremismo de las ideas, Borges decía: «Hay que tener cuidado con los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos». Medida por medida (La culpa es tuya) propone una reflexión acerca de un presente infantil y vigente: culpabilizar al otro, una forma de relacionarnos hoy en día. La cultura de la culpa. La política de la culpa. La culpa de lo políticamente correcto. La nobleza del hombre está íntimamente unida a su bajeza, esta es la moraleja de Medida por medida.
Gabriel Chamé Buendia
Coda I. Hamnet, de Maggie O´Farrell, una escritora que suele andar por este blog, me encanta todo lo que escribe (incluso cuando incursionó no muy felizmente en la crónica autobiográfica con Sigo aquí). ¿Qué puedo decir de una de las mejores novelas que leí en los últimos años? O’Farrell investiga la biografía de Shakespeare para recrear un hecho trágico que inspiró uno de sus textos más brillantes. Y entre la ficción y la realidad escribe una historia conmovedora, deteniéndose con gracia y sensibilidad en personajes menores para la Historia con mayúscula, pero fundamentales para el desarrollo de la vida de un genio. El capítulo que narra la cadena de acontecimientos que suceden antes de que la peste llegue a Warwickshire, Inglaterra, es imperdible.

Coda II. Habitación Macbeth, de y con Pompeyo Audivert. La vi hace unos años y hoy sigue en cartel. Es simplemente impactante. Bastan Pompeyo Audivert, un par de trapos blancos, una camisola y una buena iluminación para que vayan apareciendo voces, gestos, cadencias de diversos personajes. Diálogos que develan los sentimientos más oscuros y deleznables.
Habitación Macbeth es el intento de arrojar junto a Shakespeare un piedrazo en el espejo también en el nivel de las formas de producción, de transparentar la estructura soporte, la máquina teatral y su metáfora, sin menguar la extraordinaria potencia poética que sostienen sus efectuaciones ficcionales, por el contrario, mestizándose con ellas, acrecentándolas.
Pompeyo Audivert

Coda III. Romeo + Juliet, de Baz Luhrmann. Una película de los 90, protagonizada por Leonardo DiCaprio y Claire Danes. No me acuerdo casi nada y sin embargo recuerdo que me encantó. Creo incluso que no la debo haber visto más de una vez… algo de una playa, la historia estaba adaptada al presente, o sea la década de 1990, y DiCaprio, que aunque la película fuera anterior, él va a ser durante muchos años únicamente Jack Dawson.

Coda IV. Romeo y Julieta. De bolsillo, de Emiliano Dionisi. Una obra de teatro muy divertida que desde hace años entra y sale de la cartelera teatral, por lo que bien vale la pena estar atentxs y no desalentarse frente a la promoción de la obra como «para toda la familia», porque suele pensarse esta categoría como sinónimo de infantil y ahí entran los prejuicios en tromba y unx se pierde la oportunidad de ver y disfrutar de una adaptación tan original como sorprendente.

Coda V. ¡Pero qué larguera! Última coda-pavada. Suelo indignarme con los niveles desorbitantes de consumo que tenemos hoy en día, pero también como todxs tengo mi talón de Aquiles: las chucherías literarias, ¡me encantan! Y bien que lo sabe una querida amiga que volvió de un viaje a Londres con este Shakespeare que ahora vive en mi biblioteca y una plancha de stickers, como esta célebre frase de Puck, de A Midsummer Night’s Dream.

