Jardines

No me gusta el verano. Mi abuela decía que era para ricos y vagos. Algo de razón tenía: no es un clima para laburantes. Viajar en transporte público (que encima en estos días se está convirtiendo en un lujo en esta querida Argentina) se vuelve toda una odisea: pocos tienen aire acondicionado, los asientos quedan transpirados, todo el mundo está desganado y de mal humor. No me gusta el verano. La comida es un embole, todo frío, el café con leche no te tienta, pasadas las 7 de la mañana tomar mate es como estar en un sauna. Y lo peor de todo: las plantas. ¡Cómo sufren! Las riego a la mañana y a la noche, las cambio de lugar para que el sol no les pegue tanto, les doy charlas motivacionales, les juro que vendrán días más frescos, les suplico que confíen y aguanten… pero siempre hay una que no resiste y muere.

Adoro este libro: Loa a la tierra. Un viaje al jardín. Lo leí antes de la pandemia, me gustó mucho. Volví a leerlo en medio de la pandemia, me enamoró. Byung-Chul Han nació en Corea del Sur en 1959, se mudó siendo muy joven a Alemania, donde estudió filosofía. Hoy da clases en la universidad y es considerado uno de los pensadores contemporáneos más críticos del capitalismo, la explotación laboral, la tecnología.

Loa a la tierra es un registro fabuloso de los tres años que se dedicó a cuidar un jardín en Berlín al que bautizó con el nombre de Bi-Won, que en coreano significa «Jardín secreto». A diferencia del inicio de este posteo, Han empieza por el invierno: «He tomado la resolución de cultivar un jardín que florezca permanentemente, de enero a diciembre. Prefiero la metafísica, el anhelo metafísico, a la sabiduría del jardinero y su desasirse». La jardinería se va convirtiendo en el arte de la meditación y la reflexión. A medida que describe un árbol, una flor, una nueva incorporación en su jardín, muchas de estas especies pueden verse en ilustraciones botánicas bellísimas hechas por Isabella Gresser. Han revisita temas que desarrolla en varios de sus otros libros, como el mal uso de la tecnología, la velocidad ridícula a la que nos sometemos cotidianamente, sobre todo en las ciudades, la falta de tiempo para el ocio, para la contemplación y vuelve a autores como Barthes, Heiddeger, Rilke, Benjamin, Adorno, Schubert, Goethe. Spoiler alert: no hay invierno que dure para siempre y llega la primavera. Hacia la mitad del libro, Han arma un diario del jardinero precioso, con entradas que abarcan las cuatro estaciones, pero también otras locaciones, como un viaje que hace a Italia para dar una conferencia o una visita a su padre moribundo en Seúl.

Así como me cuesta mucho escribir la contratapa de un libro que me encantó editar -quiero contarlo todo, exagero con las adjetivaciones-, lo mismo me está pasando ahora que quiero escribir sobre este libro que leí tantas veces y subrayé hasta el colmo que de tanto subrayado ya nada quedó destacado. Creo que mejor termino compartiendo dos citas (¡¿cómo voy a hacer para poder elegir solo dos?!).

El jardinero es también un coleccionista. Deja que las flores lo inspiren. Medito sobre la mano del jardinero. ¿Qué toca? Es una mano amorosa, que espera, paciente. Toca lo que todavía no existe. Custodia la lejanía. En eso consiste su dicha.

En el jardín experimento que la tierra es magia, enigma y misterio. Cuando se la trata como una fuente de recursos que hay que explotar, ya se la ha destruido.


Coda I. Isabella Gresser también dirigió La sociedad del cansancio, un documental muy interesante sobre Han en el que lo acompaña y lo filma por Seúl y por Berlín. Conseguí verlo con subtítulos en castellano acá:

Coda II. Otro libro hermoso: Nativas, flores argentinas, de Loreto Salinas, Paula Fernández y Adriana Burgos, publicado por Ojoreja en 2018.

En el país habitan más de diez mil especies de plantas silvestres, y en el libro se reproduce una selección de varias de ellas: una ilustración bellísima va acompañada por una guía que indica el nombre común, el nombre científico, los polinizadores, la disposición de las flores y qué tipo de planta es. En la presentación del libro se menciona la importancia de tener contacto con estas plantas desde chicos: es fundamental conocerlas para poder conservarlas y protegerlas. Y de grandes todavía estamos a tiempo, creo, y por eso este libro se vuelve valioso y necesario para todxs.

Desde hace un tiempo incorporé nativas en mi jardín (recomiendo darse una vuelta por la página de Enraizando Nativas), y me divertí un rato buscando algunas de las plantas del libro allí.

El jardín me aleja un paso más de mi ego.

Byung-Chul Han

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