Yoga

B.K.S Iyengar

Así como cuando leo un libro que me vuela la cabeza me dan ganas de compartirlo con todo el mundo, lo mismo me pasa con el yoga. Es una actividad tan maravillosa que todxs deberíamos tener la posibilidad de tomar una clase aunque más no sea para ver de qué se trata y poder vivir una experiencia propia, lejos de tantos prejuicios o mitos ridículos. Practicar yoga fortalece todos los sistemas del cuerpo, serena la mente, mejora la concentración, entrena la compasión, la paciencia… la lista es infinita y la verdad es que es un viaje de autoconocimiento y hay que recorrer el camino, nadie puede decir exactamente cómo se va a sentir cada unx.

La primera vez que fui a una clase de yoga tenía ocho años. Acompañé a mi mamá y a mi tía Tony, ellas tomaban clases en el club, en Ferro Carril Oeste. Me acuerdo que usaban una especie de uniforme: calzas largas y remera blanca, sin dibujos ni inscripciones. Mi tía no se podía sentar como los indios: por más que yo me hamacara haciendo fuerza sobre sus rodillas no había caso, no querían acercarse al suelo. Recuerdo también el fuerte olor a pata que había; la clase era en el tatami de yudo. Cuando yo iba de visita, la profesora me usaba como modelo. Nunca entendí por qué repetía sin parar y señalándome que todxs habían tenido ocho años alguna vez y esa misma elasticidad, ya era tiempo de recuperarla.

En la adolescencia nos anotamos con unas amigas en la sede del centro de Indra Devi y a partir de ahí el yoga siempre estuvo presente en mi vida, aunque fuera de manera intermitente. Tomé clases en Hastinapura y también en un lugar de Hare Krishnas por el barrio de Caballito, no logro recordar el nombre. Hice hatha yoga durante mis dos embarazos, pero clases «normales», no me bancaba la onda de los grupos de mamis; supongo que en esa época no conocí a la gente adecuada. Años más tarde practiqué en Geba; la profesora daba yoga Iyengar. Me enamoré del método, de las posibilidades que habilitan todos esos elementos que se usan a lo largo de la clase, de la potencia de la práctica. Acá puede verse una clase muy linda de yoga Iyengar.

De retiro yóguico en La Paloma

Escribo con la ilusión de que estas palabras sean ese pequeño empujoncito que le esté faltando a alguien para empezar o retomar sus clases de yoga. Se viene un año muy complicado, ya lo está siendo, y no quiero que se pierda esa energía tan caprichosa como alentadora que siempre tienen los primeros días de enero, esa sensación de posibilidad por pura prepotencia del calendario, pero posibilidad al fin, de que algunas cosas que no se concretaron el año que pasó encuentren en este 2024 su camino.

El Yoga permite descubrir un nuevo tipo de libertad de la que ni siquiera se sospechaba su existencia.

B.K.S. Iyengar

Coda 1: Hace poco vi este documental que ya tiene sus años, es del 2011. Entiendo las críticas negativas que se le hicieron, por momentos se vuelve muy pochoclero, muy comercial. Sin embargo creo que tiene partes interesantes, sobre todo como un primer acercamiento a diferentes escuelas de yoga y a las distintas etapas que atraviesa toda mujer a lo largo de la vida y las relaciones que se entretejen con la práctica según la edad.

Coda II: Esta genialidad tomada de Hua Hu Ching, 81 meditaciones taoístas, de Lao Tse.

El ego es un mono que salta a través de la selva:

totalmente fascinado por el reino de los sentidos,

cambia de un deseo a otro,

de un conflicto a otro,

de una idea centrada en sí misma a la siguiente.

Si lo amenazas, realmente teme por su vida.

Deja partir a ese mono.

Deja partir los sentidos.

Deja partir los deseos.

Deja partir los conflictos.

Deja partir las ideas.

Deja partir la ficción de la vida y de la muerte.

Permanece simplemente en el centro, observando.

Y después olvídate de que estás en él.

Coda III: Totalmente caprichosa su inclusión en este posteo, pero es una de mis series favoritas del 2023 y hay yoga.

Toby Fleishman es un médico de unos cuarenta años, padre de dos hijxs, vive en Manhattan, se divorció hace poco y está empezando a experimentar nuevas relaciones a través de aplicaciones de citas. Un día se levanta y se da cuenta de que durante la madrugada su ex entró en su departamento y dejó a sus hijxs con la excusa de que tenía que irse a un retiro de yoga. Pasan los días y no le responde el teléfono, no sabe dónde está, ni si está viva o muerta. No quiero anticipar nada, solo voy a agregar que la estructura de los capítulos, los cambios del punto de vista, la narración en off en manos de la genial Lizzi Caplan me parecieron muy buenos. No es una serie al palo desde el principio, hay que atravesar los dos o tres primeros capítulos y entonces la cosa se espesa.

Deja un comentario