
Este año empecé a cursar una maestría y en uno de los seminarios nos pidieron un pequeño escrito con una consigna muy clara: elegir un único libro de nuestra biblioteca y escribir sobre los motivos de esa elección. Menuda tarea. Pensé en todos mis libros durante el viaje de vuelta a casa. Al día siguiente pasé un rato largo mirando mi biblioteca de punta a punta hasta que me decidí por Operación Masacre, de Rodolfo Walsh. Se trata de la edición que Planeta publicó en 1994 en la colección Espejo de la Argentina, con prólogo de Osvaldo Bayer y, como puede leerse en la cubierta, en principio se trataría de la “Edición definitiva”.
Me lo regaló un amigo (que con el tiempo se convertiría en mi marido) cuando cumplí dieciocho años. A los pocos días me iba de viaje de egresados a Bariloche y recuerdo que lo cargué en la mochila, cada noche lo ponía bajo la almohada antes de dormir (culpables fueron las hormonas y los neurotransmisores) y, por supuesto, lo leí varias veces.
Fue un libro que me impactó profundamente. Por un lado, de alguna manera reflejaba todos esos ideales de aquellos tiempos que sentía que formaban mi identidad (militar, hacer servicio comunitario en barrios necesitados, etc.) mediante la figura de la denuncia. La lucha contra la injusticia social, contra la censura, contra los militares, contra la policía, contra el discurso oficial se encarnizaban en un simple periodista que empieza su investigación luego de que alguien le dice una de las frases más desconcertantes de la literatura argentina: “Hay un fusilado que vive”. Y en todo este proceso lo acompaña una joven periodista que “se juega entera”: Enriqueta Muñiz, a quien Walsh le dedica el libro. Un vínculo muy especial va creciendo entre los dos, lo que se convierte en un aporte especial para un libro construido con el ritmo del relato policial y con la denuncia social y un incipiente compromiso político como ejes centrales. Recuerdo que no había leído ninguna otra novela de este tipo, que incluso no sabía si llamarlo novela o crónica, y que gracias a diferentes lecturas que me sugirió mi profesor de literatura de 5to año de la secundaria, pude investigar más sobre el tema. Pero esa es otra historia.
Volviendo a Operación Masacre, creo, por último, que el impacto que me causó fue doble. Más allá de todo lo expuesto anteriormente, recuerdo que el libro me generó mucha curiosidad desde otros aspectos: ¿qué quería decir eso de la “edición definitiva” que se anunciaba desde la cubierta?; ¿por qué era un libro con tantas ediciones, qué implicancias tenía eso?; ¿cómo se dio la traspolación del libro al cine?; ¿por qué se incluía un apéndice con una parte del guion de la película?; ¿para qué se reproducían las cubiertas de las ediciones anteriores?


Quizás mi interés por los libros, por la literatura, por las diferentes ediciones, por la edición y la corrección, por el diseño de las cubiertas, en fin, todos esos temas apasionantes que años más tarde serían parte de mi trabajo cotidiano, en Operación Masacre tenga un posible origen.
Coda 1. Me gusta mucho ir a muestras y exposiciones vinculadas con el mundo del libro. Hace poco fui a Printig R-Evolution 1450-1500. Los libros impresos durante este período de tiempo se conocen como incunables. Hoy existen alrededor de quinientos mil de estos ejemplares, la mayoría están en bibliotecas de Europa y Estados Unidos. En Argentina hay alrededor de 65. Las preguntas que se hace la muestra sobre el alcance de la revolución de la imprenta me parecieron muy interesantes, pero por momentos no son respondidas del todo, o por lo menos no me resultaron muy claras. Es cierto que explicar estadísticas y dar posibles respuestas a estos interrogantes en textos tan breves, que además van acompañados por imágenes, no es tarea sencilla. Dejo acá archivadas algunas fotos, más a modo de recuerdo que de documento.


Coda II. Recordé un paseo que hice con unas amigas el año pasado: Día de Imprenta, coordinado por Barrio Sur. Se trata de un recorrido que arranca en el Museo del Cabildo, de ahí a la Manzana de las Luces, para pasar luego por la Imprenta Coni y terminar en la exquisita imprenta y librería Barrio Sur, donde se pueden ver ediciones increíbles y máquinas alucinantes. Muy pero muy recomendable.





Coda III. Esto todavía no pasó, y pinta muy bien. Acá más info sobre las charlas.
