El cine no fue siempre así

Fui a ver The Fabelmans. Y sí, fui al cine a pesar de los paquetes de pochoclos que no tienen fin, de los celulares que suenan, de los mensajes impostergables que alguna gente tiene que mandar sí o sí desde un cine, de esa pantallita y su encandilante scrolleo de IG (¿¡en un CINE!?). Para todxs ellxs va esta Julie Delpy.

Spielberg es mi infancia. En el fichero del videoclub que quedaba cerca de casa había fichas de películas en las que aparecía varias veces mi nombre (bueno, en verdad era el de mi papá, no le alquilaban a menores). ET, Los Goonies, Gremlins, Poltergeist, las de Indiana Jones, Volver al futuro, Tiburón, Milagro en la calle 8, El color púrpura, El imperio del Sol… (no sé cómo me dejaron ver las últimas dos, son bastante fuertes y muy, pero muy tristes). Todas tienen la marca de Spielberg, ya sea como director, guionista y/o productor. En todas hay algo de su narrativa, de su manera de contar una historia, de los encuadres que elige, del avance de la acción, del juego constante con lo no dicho, con lo no explicado, que solo se da en sus películas. Una suerte de equilibrio constante.

Seguí viendo prácticamente toda su filmografía, pero sus películas de los 70 y los 80 sin dudas despertaron mi pasión por el cine. Me emocionó «conocerlo» tan de cerca en esta última película: cómo fue su adolescencia, cómo era su familia, cómo empezó a filmar, cómo se le ocurrían las ideas. Aunque nunca sepamos los límites entre lo que verdaderamente sucedió y lo que se dio el gusto de distorsionar un poquito; acaso como si importara. Me pareció una película muy entretenida, emocionante, divertida, que por momentos aborda situaciones (recuerdos quizás) desgarradores, siempre con el tempo justo. Será que Spielberg nunca olvidó el consejo de John Ford, y sabe ubicar el horizonte en la zona de arriba o de abajo de la imagen.

Es una película que abre la conversación sobre el cine en general, sobre el metacine y películas fantásticas como 8 1/2 y así recordé este libro maravilloso de Alice Guy, Memorias 1873-1968, publicado por la editorial chilena banda propia, con prólogo de la cineasta Tiziana Panizza y traducción de Pablo Fante.

Alice Guy nació en Francia en 1873, fue directora, guionista y productora. Comenzó su carrera como secretaria de Léon Gaumont. El 22 de marzo de 1895, cuando los hermanos Lumière proyectaron por primera vez, para un selecto grupo de personas, «Salida de los obreros de la fábrica Lumière», Alice Guy estaba allí. Y si bien los Lumière llegaron a decir que su cinematógrafo era «un invento sin futuro», Guy pidió permiso para hacer algunas pruebas. En 1896 crea El hada de los repollos, un cortometraje mudo que es considerado la primera película de ficción, aunque durante mucho tiempo no estuvo incluido en las principales investigaciones sobre la historia del cine. Recién a partir de 1954 se rectifica este «olvido».

El hada de los repollos (1896)

A lo largo de veintiséis años como directora, Guy llegó a filmar más de mil películas, cómicas, románticas, con actos de ilusionismo, su imaginación no tenía límites. Armó su propio equipo de trabajo, viajó con su cámara y se casó diez años después que el promedio de las mujeres de su generación. A los 46 años filmó su última película y no se supo más de ella. Dice Tiziana Panizza en el prólogo: «Su desaparición no fue voluntaria, como algunos sugieren. Tiene relación con la conversión masculina del oficio impuesta por los estudios de Hollywood y con la omisión de investigadores como Georges Sadoul y Paul Rothka, que cuando escriben los primeros libros de historia del cine no la mencionan».

A estas «omisiones» se le suma la falta de un registro archivístico adecuado. Continúa Panizza:

La historia del cine silente es una historia de desapariciones. Se calcula que al menos el 70% de las películas están perdidas, algunas fundidas como material para hacer peinetas; otras, conservadas en malas condiciones, se convirtieron en un caldo de químicos con olor a vinagre. (…) De las más de diez mil películas realizadas en Estados Unidos entre 1912 y 1929, solo sobrevive el 32%. Se especula que, desde los inicios del cine hasta la llegada del sonido, entre el 75% y el 90% de las películas están perdidas o incompletas.

A los setenta y cinco años, Alice Guy escribe sus memorias. En una carrera contra el Alzheimer, registra fechas, viajes, anécdotas, y declara su amor incondicional a quien fuera su gran compañero cuando escribe el prólogo: «Permítanme presentarles al que colmó mi existencia entera, mi ‘príncipe azul’: el cinematógrafo».

El año pasado se presentó el libro en la Alianza Francesa y se proyectaron varios de sus cortometrajes. Estuvo buenísimo. En el flyer están listados, varios pueden verse en internet. Es una experiencia maravillosa.


Coda 1: Hace muchos, muchos años, les compré a mis hijos este libro sobre la historia del cine. Forma parte de una colección fantástica titulada Las cosas no fueron siempre así, publicada por la editorial argentina iamiqué. Es un claro ejemplo de que se pueden hacer libros informativos entretenidos, con información de calidad y sin subestimar al lectxr. Cuando dicen que son libros recomendados para curiosos de 8 a 108 años me siento interpelada. El libro recorre los comienzos del cinematógrafo, la primera función, los primeros trucos, los estudios de cine, la aparición del cine sonoro y del color, los efectos especiales hasta la llegada de la televisión. Y se detiene en un montón de pequeños datos curiosos, como por ejemplo que en 1930 según un código de Estados Unidos los besos en pantalla solo podían durar tres segundos.

Coda 2: Como si la pila de lecturas pendientes que ya se expandió de la mesa de luz a la cómoda y piensa seguir con su invasión no fuera más que suficiente para una vida, también está la lista de libros para comprar e incluso la lista de libros para comprar que todavía no fueron publicados. Acabo de sumar un caso en cada una, ambos son de Fernando Martín Peña. En la primera lista: Metrópolis (la tercera editora), un libro que cuenta la historia del emblemático film de Fritz Lang y de su recuperación en Buenos Aires. En la segunda: un libro que va a publicar Blatt & Ríos, entiendo que por ahora sin título: «Una bitácora del trabajo casi arqueológico que Peña lleva adelante en su archivo, fruto de la recolección de todo el material fílmico que el cambio de época deshecha y ningún organismo estatal rescata». Menudo tema para este blog.

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