Paula Modersohn-Becker

Paula Modersohn-Becker fue una pintora alemana y una figura clave del expresionismo de fines del siglo XIX. Nació el 8 de febrero de 1876 en Dresde, donde vivió toda su infancia, hasta que la familia se muda a Bremen gracias a una oportunidad laboral que recibió su padre, un ingeniero de mente bastante abierta para la época: a cambio de que Paula se formara para ser maestra le dio permiso para tomar clases de dibujo y pintura. Es su madre quien más la apoya: pone en alquiler una de las habitaciones de la casa para costear con ese dinero las clases de Paula.

Con el consentimiento de sus padres, Paula viaja a Worpswede, un pequeño pueblo cercano a Bremen, para pasar unas breves vacaciones y tomar clases de dibujo y pintura con el severo Fritz Mackensen. Unos años atrás un grupo de artistas se habían instalado allí para recuperar la independencia perdida bajo la tiranía de las academias, y crear un espacio de convivencia diaria con la naturaleza. Es probable que Paula nunca haya pensado en unas breves vacaciones, pues se queda varios meses y allí conoce a dos personas que serán fundamentales en su vida: a Clara Westhoff, quien será una de sus amigas más íntimas y uno de los tantos amores del poeta Rainer Maria Rilke, y a Otto Modersohn. De él anota en su diario: «Una cosa alta, traje marrón, barba pelirroja. Dulzura y simpatía en la mirada. Sus paisajes causan una impresión profunda, muy profunda; un sol de otoño, ardiente y melancólico. Me gustaría conocer mejor a ese tal Modersohn». Pero Otto está casado y Paula decide destinar una herencia que recibe de uno de sus tíos para estudiar en París.

Clara Rilke-Westhoff, 1905

Quedan años maravillosos por contar: Paula se muda a París, recorre todos sus escondites, toma clases, no para de pintar, se escribe frecuentemente con Otto, es vecina de Clara, que es alumna de Rodin. Y el desenlace se hace evidente: Paula se casa con Otto, Clara con Rilke.

Marie Darrieussecq construye un libro fascinante. Se documenta con correspondencia (en la familia Becker se escribían mucho y conservaron las cartas), con diarios (de Paula, de Rilke, de Otto), con una extensa bibliografía. Con todo este arsenal de fuentes solo muestra, sugiere, nunca señala ni sentencia. Elige una estructura no lineal, va y viene en el tiempo, y de repente, bastante avanzada la lectura, irrumpe una fecha: verano de 2014. Darrieussecq se está imaginando un paseo en bote por el Hamme, ayudada por Google Earth. Son particularmente encantadores estos breves y escasos destellos en los que la autora comenta algo sobre la investigación. Hacia el final del libro se pregunta:

¿Por qué Paula solo es conocida en Alemania? ¿Por qué París, su ciudad, no la ha expuesto nunca? Es alemana, sí, pero en igual medida que Picasso es español o Modigliani italiano. ¿Hasta tal extremo ha sido un obstáculo la inconclusión objetiva de su obra? ¿O debemos pensar que el hecho de ser mujer la detuvo en la frontera? ¿Debemos pensar que no tenía visado universal?

Paula murió el 20 de noviembre de 1907 en Worpswede, tenía 31 años y acababa de ser madre. Dejó alrededor de 750 cuadros y más de 1000 dibujos. Fue la primera mujer en la historia del arte en tener un museo propio: Paula Modersohn-Becker Museum.

Otto y Paula se casan en mayo de 1901. Cada uno escribe en su diario sobre el matrimonio. Otto: «Paula pinta, toca el piano, etcétera. La casa está en buenas manos, solo que su interés por la familia y su relación con el hogar son demasiado escasos. Espero que esto mejore». Paula: «Una sola meta ocupa mis pensamientos, consciente e inconscientemente: ‘¡Ah, pintar, pintar, pintar!'». En febrero de 1906 Paula abandona a Otto y se instala en París. Entre idas y vueltas, cartas que vienen y van, amigos cercanos le recuerdan a Otto que como su esposo tiene el derecho de internar a Paula aludiendo problemas mentales.

Esta situación, además de erizarme la piel, apenas pasaron poco más de cien años, me hizo recordar dos casos similares, uno ficticio y otro real. El primero es una novela hermosa, La extraña desaparición de Esme Lennox, de Maggie O’Farrell. La protagonista se entera de que tiene una tía abuela que estuvo recluida en un psiquiátrico durante sesenta y un años y próximamente va a quedar en libertad y ella es su único familiar. ¿Por qué estuvo internada tanto tiempo y quién autorizó su internación cuando ella solo tenía 16 años? Escribí unas líneas sobre este libro en tiempos de cuarentena, acá. El segundo es un libro desgarrador, Memorias de abajo, de Leonora Carrington, en el que cuenta sobre su brutal internación en un sanatorio de Santander por indicación de su padre.

Ya se viene la coda, nos acercamos al final de este posteo que podría seguir y seguir.

Coda 1: hay una película sobre la vida de Paula que me pareció muy buena (recomendación de Paula D): Paula, de Christian Schwochow, se puede ver acá. (La protagonista es la actriz Carla Juri, que también actúa en Las hijas del Reich junto a la siempre adorable Judi Dench, es una peli entretenida, propia para fans de películas sobre la 2GM).

Coda 2: Rainer Maria Rilke fue un amigo entrañable de Paula, y tras su muerte escribió Réquiem. Puede descargarse una edición bilingüe de Buchwald Editorial acá.

Te imaginaba mucho más lejos. Me confunde que ahora estés perdida y vengas, vos, que te transformaste más que cualquier mujer. Que tu muerte nos espanta, no; que tu drástica muerte nos interrumpe oscuramente arrancando el hasta-aquí del desde-ahora: eso nos concierne; clasificarlo será la tarea que hagamos con todo.

Coda 3: vale la pena leer todo lo que escriba Marie Darrieussecq. De hecho la leí por primera vez hace varios años y ahora recordé un posteo en un viejo blog (¡2015!), que puede leerse acá.

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