¿Qué plantas hay acá?

El genial diseño de tapa es de Marcos Farina

El 16 de julio pasado tuvo lugar en Proa 21 la charla «El dibujo artístico y la ilustración científica» entre José Emilio Burucúa y Diego Medan en el marco de la muestra El color de un jardín. Herbáreo tintóreo, realizada por la artista argentina Lucila Gradín y a raíz también de la publicación de Atlas de botánica argentina. El libro, publicado por Ampersand, rescata la historia de un proyecto editorial alucinante: en 1913, el naturalista tucumano Miguel Lillo tiene la idea de comenzar una obra que reúna toda la flora argentina. En 1931 fallece, pero la investigación y el proyecto continúan, y así en el año 1943 comienza a publicarse y finaliza en 1956. Son cinco volúmenes en siete tomos. Solo por mencionar las características del primer tomo, se trata de un libro con un formato de 50 x 34 x 9 cm, que pesa 11,4 kg, tiene 300 páginas y 140 láminas (26 a color). Muchas de estas ilustraciones se reproducen en el libro.

Quizás debería haber empezado por el principio, que es la introducción de Carla Lois, aunque sin Lillo no habría posibilidad de introducción ni de libro ni de nada, ¿o no? Como sea, Lois presenta un breve y sustancioso ensayo dividido en dos partes: la primera sobre las ilustraciones botánicas; los libros manuscritos y la irrupción de la imprenta; el paso de los dibujos «apegados a lo natural» propios del período comprendido entre los siglos XVII y principios del XIX y la imposición de la idea decimonónica de que era más acertada una «imagen razonada», es decir, que representara un espécimen idealizado, perfeccionado, que permitiera la comparación con otras ilustraciones para saber en qué lugares del mundo se desarrollaban especies iguales o similares; la fotografía; el coleccionismo; los herbarios itinerantes; entre otros temas igual de fascinantes. Y una segunda parte en la que recupera la historia del Genera et species plantarum, desde el origen hasta la publicación del último volumen, deteniéndose en las personas que formaron parte del proyecto, como dibujantes y científicos, en el presupuesto con el que contaban, en las comunicaciones que mantuvieron con la editorial Kraft, en la estructura de las obras, en el análisis de la relación entre texto e imagen, entre otros aspectos que ayudan a comprender los alcances y las limitaciones de un proyecto de estas características.

En la charla, Medan sostuvo que desde la época de Aristóteles nos venimos preguntando «¿Qué plantas hay acá?». En el caso de Argentina, y de tantos otros lugares, es una pregunta con plena vigencia: en La Rioja y en Catamarca, por ejemplo, hay plantas que todavía no conocemos, que no fueron clasificadas ni incorporadas en ningún herbario porque crecen en zonas de muy difícil acceso.

Cuando leí el libro, entre tantas otras cosas subrayé una definición de botánico: «Colecciones de plantas vivas, clasificadas y ordenadas de acuerdo con criterios científicos, estéticos y educativos» y me acordé de cuando visité el Hortus Botanicus de Ámsterdam, uno de los botánicos más antiguos del mundo, fundado en 1638.

Al menos cuando fui, en el 2019, no ofrecía visitas guiadas, pero hay mucha información dando vueltas, algunos datos que anoté para mi visita: se fundó con la intención de convertirse en un jardín de hierbas y centro de referencia para médicos y boticarios, contiene más de 4000 especies, varios invernaderos, un mariposario, una huerta, cactus de todas partes del mundo y una colección de tulipanes magnífica (incluido un ejemplar argento…).

Revisando estos apuntes de mi visita al Hortus Botanicus, me doy cuenta de que fui a la mañana y por la tarde visité el Museo Van Gogh, y allí vi una exposición de David Hockney en vivo por primera vez. Evidentemente la relación un día normal / un día de viaje es equiparable a un año humano / un año canino. O algo así.

Es una de las muestras más maravillosas e impactantes que vi. Antes de entrar, un muchacho nos explicó que no se podían sacar fotos, tampoco sin flash, porque se arruina la experiencia de la visita. En las salas estaba todo el mundo haciéndose selfies, sacando fotos grupales, a las obras, a las nomencladoras. Volví sin una foto. No es que haya dejado de sacar fotos en los museos, solo que aquella vez algo me interpeló en especial.

Simplemente mirar. Eso es algo importante que comparto con Vincent van Gogh: de verdad ambos disfrutamos mirar el mundo.

David Hockney, 2018

Último por hoy: el mío marido volvió de viaje con este libro de regalo (que casi no le entra en la valija y así quedó de machucado). Apenas leí unas páginas y ya está todo subrayado. Material para un futuro posteo, sin dudas.

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