Queridísimo hijo de mi corazón

Hace un par de domingos, buscando algo para ver, encontré una película de animación del año pasado: Josep (se puede ver subtitulada en el link). Quedé fascinada con esta historia.

Josep Bartolí (1910-1995) fue un artista barcelonés que tuvo una vida increíble. Hijo de un padre músico y una madre ama de casa que murió cuando él era muy pequeño, aprendió a dibujar en su casa, estudió arte y tempranamente empezó a publicar sus dibujos en diarios y revistas, y se vinculó con el sindicalismo catalán: fundó el Sindicato de Dibujantes y militó, durante la Guerra Civil Española, en el POUM.

Bartolí en su taller.

En febrero de 1939, hacia el final de la Guerra Civil Española, cruzó la frontera con Francia y vivió, a lo largo de dos años y al igual que más de 500.000 españoles exiliados, en campos de refugiados en los que el maltrato, el desprecio, las enfermedades y el hambre eran algo de todos los días. Pasó por siete de estos campos y nunca dejó de dibujar.

Dibujo de Bartolí.

Del último campo logró huir a París, pero la Gestapo lo capturó y lo deportó a Dachau. Bartolí se escapó en medio del traslado y gracias a una red de ayuda a refugiados judíos pudo viajar a México, donde se unió a más de 20.000 exiliados españoles que ya estaban instalados allí. Enseguida entró en contacto con artistas e intelectuales locales, y así conoció a quien sería uno de los grandes amores de su vida, aunque lo negará en cada oportunidad que se le presente: Frida Kahlo.

Hace pocos años se subastaron veinticinco cartas que la artista mexicana le envió a lo largo de los años 1946-1949.

Bartolí:

Anoche sentía como si muchas alas me acariciaran toda, como si en la yema de tus dedos hubiera bocas que me besaran la piel.

Los átomos de mi cuerpo son los tuyos y vibran juntos para querernos. Quiero vivir y ser fuerte para amarte con toda la ternura que tú mereces, para entregarte todo lo que de bueno haya en mí y que sientas que no estás solo. Cerca o lejos, quiero que te sientas acompañado de mí, que vivas intensamente conmigo, pero sin que mi amor te estorbe para nada en tu trabajo ni en tus planes, que forme yo parte tan íntima de tu vida, que yo sea tú mismo, que si te cuido nunca será exigiéndote nada, sino dejándote vivir libre. Porque en todas tus acciones estará mi aprobación completa.

Te quiero como eres, me enamora tu voz, todo lo que dices, lo que haces, lo que proyectas. Siento que te quise siempre, desde que naciste, y antes, cuando te concibieron. Y a veces siento que me naciste a mí. Quisiera que todas las cosas y las gentes te cuidaran y te amaran y estuvieran orgullosas, como yo, de tenerte. Eres tan fino y tan bueno que no mereces que te hiera la vida. Te escribiría horas y horas. Aprenderé historias para contarte. Inventaré nuevas palabras para decirte en todas que te quiero como a nadie.

Frida

29 de agosto de 1946, nuestra primera tarde juntos

Pero la carta principal de este posteo es otra. Es una carta ficticia que seguramente varias mujeres republicanas hayan escrito durante la Guerra Civil Española, porque tal como dice Almudena Grandes en una extensa nota hacia el final de El corazón helado: «Es una novela en el sentido más clásico del término. Es, de principio a fin, una obra de ficción, y sin embargo no quiero ni puedo advertir a los lectores que cualquier semejanza de su argumento o sus personajes con la realidad sea una mera coincidencia. Lo que ocurre es más bien lo contrario. Los episodios más novelescos, más dramáticos e inverosímiles de cuantos he narrado aquí, están inspirados en hechos reales».

Antes de seguir tengo que aclarar que se trata de una reproducción intervenida: en la novela, Almudena Grandes arma un contrapunto entre lo que va diciendo la carta y lo que va pensando el nieto de esta mujer a medida que la va leyendo (la comparto en fotos). Creo que vale la pena una experiencia de lectura que permita leerla de forma aislada y autónoma.

Va entonces la carta de una madre republicana a su hijo y una (tres) breve coda.


2 de junio de 1937

Queridísimo hijo de mi corazón:

Perdóname todo el daño que haya podido hacerte sin querer por todo lo que te he querido, por lo que seguiré queriéndote hasta que me muera, e intenta comprenderme, y algún día, cuando seas un hombre, y te enamores de una mujer, y sufras por amor, y sepas lo que es eso, perdóname si puedes, perdona a esta pobre mujer que se equivocó al escoger marido, pero no al tener dos hijos a los que siempre querré más que a nada en el mundo, ahora no lo entenderás, no puedes entenderlo, pero crecerás, te harás mayor, y tendrás tus ideas, las mías o las de tu padre, y te darás cuenta de que son mucho más de lo que parecen, de que son una manera de vivir, una manera de enamorarse, de entender el mundo, a la gente, todas las cosas, no tengas miedo de las ideas, Julio, porque los hombres sin ideas no son hombres del todo, los hombres sin ideas son muñecos, marionetas, o algo peor, personas inmorales, sin dignidad, sin corazón, tú no puedes ser como ellos, tú tienes que ser un hombre digno, bueno, valiente, sé valiente, Julio, y perdóname, no hemos tenido suerte, hijo mío, no la hemos tenido, pero la guerra terminará algún día, y vencerá la razón, y vencerán la justicia y la libertad, la luz por la que luchamos, y cuando todo esto haya pasado, volveré a buscarte, y hablaremos, y quizás entonces pensarás de otra manera, y me entenderás, ojalá me entiendas, a lo mejor estoy equivocada pero siento que estoy haciendo lo que tengo que hacer, y lo hago por amor, por amor a Manuel, por amor a mí misma, por amor a mi país, por amor a mis ideas y por amor a vosotros también, para que tengáis una vida mejor, para que viváis una vida más libre, más justa, más feliz, sé que ahora no lo entiendes, que no puedes entenderlo, pero yo te quiero y confío en ti, y sé que serás un hombre digno, bueno, valiente, tan valiente como para perdonar a tu madre, que te querrá siempre y por eso nunca podrá perdonarse del todo, tuya y del socialismo,

Mamá


Coda 1: La muerte en ciernes, un libro de fotos impresionantes de la Guerra Civil Española tomadas por Robert Capa, seudónimo que utilizaba la pareja formada por los corresponsales de guerra y fotoperiodistas Endre Ernö Friedmann (1913-1954) y Gerda Taro (1910-1937), una de las primeras mujeres en ser reconocida como periodista gráfica.

Coda 2: Un poco de música: Club Artístico Libertad, una banda que toca canciones de la Guerra Civil Española. Imperdible verlos en vivo. Mientras tanto, spotify.

Coda 3: ¿Cómo dejar afuera Tierra y libertad, de Ken Loach? Una película bellísima sobre la historia de un joven inglés desempleado y comunista que decide dejar Inglaterra para sumarse a las Brigadas Internacionales.

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