
Este libro me encanta. Lejos de buscar dejar una enseñanza, en el sentido más clásico del término, logra transmitir sensaciones y pensamientos que suelen surgir en una visita a un museo.

La protagonista empieza el recorrido en un museo de antigüedades y aparecen las preguntas: «¿A quién habrán pertenecido estos jarrones? ¿Y estos animalitos? Me recuerdan a los que tengo en mi caja de juguetes». El acercamiento que establece con objetos que tienen miles de años se da de manera fluida, sin pretensiones. Después va un museo de ciencias naturales y luego a uno de arte, donde descubre que no todo lo que hay en un museo tiene cientos de años y que, además, hay obras y estilos para todos los gustos. Visitar más tarde el museo del espacio le permite comprender que un museo también puede tener cosas muy actuales.
La próxima parada la espera con un nuevo descubrimiento, no todos los museos son en espacios cerrados y, algunos, tienen piezas que están vivas, como un botánico: «Aquí hay plantas espinosas, otras con hojas que parecen plumitas. ¡Y flores enormes, como mi cabeza! Esta es una colección que crece».

Voy a contar el final: la última colección que queda por ver es una que tiene sus cosas favoritas y están en el mejor museo que conoce: «el museo sobre mí».
Nunca sabremos bien la edad de la protagonista, por momentos parece una niña pero viaja sola en colectivo. El paso del tiempo tampoco es una coordenada a tomar en cuenta: visita todos estos museos en un único día (ni los guías de turismo que ofrecen recorridos por 19 ciudades en 23 días se animan a tremenda travesía).
Para ir terminando, es el primer libro de Emma Lewis, ilustradora y diseñadora, vive en Londres y no es muy activa en su cuenta de IG (pero vale la pena seguirla; o debería decir, un motivo más para seguirla, je).
Qué ganas de retomar viejas colecciones y, ni hablar en estos tiempos cuarentenados, de visitar un museo.
CODA: si de museos se trata, este librito que comparto a continuación es una maravilla. Gente sin sentido del humor: abstenerse.




