
Pumpkin debe ser una de mis palabras favoritas en inglés. A fines del siglo pasado, una de mis amigas solía salir con un chico que era fanático de los Smashing Pumpkins. Todavía recuerdo el esfuerzo que tenía que hacer para no sonreír cada vez que nombraba a su querida banda.
Demasiada nostalgia dominguera, mejor voy directo a la foto: lo que se ve son semillas de calabaza. No podría decir que me gustaría compartir la receta, porque no es una receta, es más bien una suerte de tip o algo así. Se lavan las semillas, se dejan secar, se las coloca en una asadera con un poquito de aceite y sal, se puede agregar pimentón o ajo en polvo o cualquier otra especia, y al horno un par de minutitos (yo cubro la asadera con un poco de papel de aluminio porque saltan cual pochoclo). También se pueden hacer en una sartén.
¡Quedan riquísimas! Se pueden poner en una picada o en una ensalada o para acompañar un plato de arroz: agregan crocantez (?) y un gustito genial. Y pensar que una vez fueron basura.