Mi manera de defenderme del mundo de los adultos era leer todo lo que caía en mis manos

Mi manera de defenderme del mundo de los adultos era leer todo lo que caía en mis manos. Leía cualquier cosa que me pusieran delante, la entendiera o no.

Trataba de evadirme […] Pero también aprendía, observaba el mundo exterior con otra mirada, experimentaba con puntos de vista que no eran los míos. Desarrollaba la empatía, descubría y entendía que en cada historia se pueden encontrar diferentes encarnaciones del yo, personas distintas, que eran reales, y me transmitían su sabiduría y su experiencia, y me permitían aprender de sus errores. Y en aquel entonces ya comprendía, como ahora, que las cosas no tienen por qué suceder para ser reales.

La vista desde las últimas filas, Neil Gaiman.

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