Me es mucho más fácil hablar con Katherine

Jueves 17 de abril de 1919

Por mucho que se ataque a los Strachey, lo cierto es que su inteligencia es siempre fuente de placer; chispeante, clara y flexible. ¿Debo añadir que atribuyo siempre las cualidades que más admiro a personas que no son los Strachey? Hacía tanto tiempo que no veía a Lytton que las impresiones que de él me formo nacen, en exceso, de sus escritos, y lo que ha escrito acerca de Lady Hester Stanhope no es de lo mejor. Podría llenar esta página de chismorreos sobre los artículos que algunos publican en el Athenaeum; debido a que ayer tomé el té con Katherine y Murry. Murry estuvo sentado, mudo y con la cara del color del barro, animándose solamente cuando hablamos de lo suyo. Murry ya tiene el celoso partidismo del padre por sus hijos. Procuré ser honesta, como si la honestidad formara parte de mi filosofía, y dije lo muy poco que me gustaba Grantorto y sus pájaros silbadores, y Lytton, y etcétera. El ambiente masculino me desconcierta. ¿Desconfían de mí? ¿Me menosprecian? Y, si es así, ¿por qué aguantan mi presencia hasta el final? La verdad es que, cuando Murry dice la frase ortodoxa masculina acerca de Eliot, por ejemplo, ignorando mi solicitud por saber lo que ha dicho de mí, yo no me amilano; pienso en el tajante precipicio que la inteligencia masculina abre, y en lo mucho que los hombre se enorgullecen de un punto de vista que se asemeja en gran manera a la estupidez. Me es mucho más fácil hablar con Katherine; cede y resiste tal como de ella espero; avanzamos más en menos tiempo; pero yo respeto a Murry. Deseo que tenga buena opinión de mí. Heinemann ha rechazado los relatos breves de K. M., y ella está muy ofendida porque Roger no la ha invitado a su fiesta. La dureza de M. es solo superficial.

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