
Anoche vimos Downton Abbey, la película. Los personajes son imposibles para quien no haya visto la serie, sus acciones y elecciones son caprichosas e incomprensibles. Y el argumento principal (la visita del rey Jorge V y de la reina María) se desvanece enseguida, las subtramas que se desencadenan pierden fuerza y sentido si no se conoce el pasado de los protagonistas (de lo cual el guion de la película claramente nunca se ocupa).
Ahora bien, para los que disfrutamos de las seis temporadas (con las contradicciones ideológicas y de clase correspondientes, faltaba más), la película es un bonus track encantador. Volver a escuchar las charlas de Lady Violet e Isobel, ver las dudas que le genera a Lady Mary el avance de la modernidad, si no será momento de renunciar al estilo de vida de Downton, incluso los caprichos de Lady Edith (ahora Marquesa de Hexham) son escenas por demás agradables. Una pena las decisiones que le hacen tomar a Tom Branson, siempre tibio y conciliador en exceso, pero ya lo aprendimos durante las seis temporadas: es un personaje funcional a la ideología de la serie.

Por supuesto, el corazón de la película es el mismo que el de la serie: la vida que transcurre en el subsuelo. Carson y Mrs. Hughes; Anna y Bates; Mrs. Patmore y Daisy (dos personajes entrañables) y el nunca odiable Thomas Barrow (no porque no lo sea, sino porque nunca logré odiarlo), qué genial la vuelta de tuerca que le dan a su historia.
Last but not least: los jardines (vale la pena una vuelta por la web de Highclere Castle, el verdadero castillo), la fotografía, el vestuario, los objetos (¡esas copas!), los interiores (qué maravilla el baile del final). El papel de la reina María lo lleva a cabo Geraldine James (sí!, la inolvidable Marilla Cuthbert de Anne with an E). Y las líneas de Lady Violet merecen ser compiladas. Como esta: «Yo nunca discuto, solo explico». No me faltará oportunidad para usarla.
