
Me compré este libro muy entusiasmada, me gusta mucho lo que hace Julian Barnes, y leerlo en su faceta de crítico de arte me parece una propuesta por demás interesante. Pero lo dejé tirado en la biblioteca durante meses: son diecisiete perfiles de artistas, TODOS hombres. ¿En serio, Julian? ¿Acaso mientras recorrés un museo y aparece la obra de una mujer te tapás los ojos y seguís de largo? No hay motivo válido para que hoy (o, bueno, 2015 que es la fecha de la edición en inglés) se siga publicando un libro con esta falla sin, por lo menos, hacerse cargo de la selección. No es un tema de períodos históricos, ni de la fecha original de algunos de estos artículos: es un descuido que no debería permitirse. Siglo XXI.
Hoy leí «Vallotton: El nabi extranjero». Empecé por este capítulo después de leer el índice, conducida por la curiosidad: ¿quién fue Vallotton?, ¿que es un nabi? Desde ya, el perfil que hace Barnes es brillante.
Félix Vallotton (1865-1925) fue un pintor y grabador suizo enamorado de todo «lo francés». En 1899, luego de casarse con Gabrielle, hija del marchante de arte parisino Alexandre Bernheim, obtuvo la ciudadanía francesa. Fue miembro del grupo de artistas franceses denominados los nabis (nombre que deriva de la palabra hebrea nebiim, profeta), liderados por el pintor Paul Sérusier a fines del siglo XIX. El grupo se caracterizaba por un marcado interés por lo exótico y lo oriental, aunque también por ciertos temas domésticos, y por el rol preponderante que le otorgaban al uso del color.
Barnes cuenta que el primer lugar donde vio el nombre de Vallotton fue en el Museo de Arte Moderno de Baltimore, cuando a mediados de los noventa dio clases en la universidad de dicha ciudad. Su objetivo era ver la obra de Matisse, pero no podía evitar quedarse largo tiempo frente a La mentira, un pequeño óleo de Vallotton.

Barnes comparte la obra con sus alumnos universitarios, expone con seguridad que la que está mintiendo es la mujer, y se pregunta cuál será la mentira e incluso arriesga algunas opciones. Hasta que una estudiante, la novelista Kate Sterns, le dice que su interpretación es errónea: el que miente es el hombre.
Si miente ella o miente él o la verdadera mentira son las convenciones sociales de la época es lo de menos. Barnes avanza en su análisis de la obra de Vallotton y destaca que el pintor «siempre mostró interés por lo que sucedía entre los seres humanos que retrataba. Sus personajes expresan una vida más allá de la pintura que los representa, ofrecen (y esconden) una narración».


A pesar de haber pintado más de 1700 cuadros y 200 grabados, son pocos los que hoy pueden verse en museos: la mayoría forma parte de colecciones privadas y muchos ni siquiera han podido ser rastreados. Quizás se deba a que Vallotton fue subestimado por la crítica y por muchos de sus contemporáneos (Gertrude Stein lo llamaba «un Manet para los que no tienen dinero», aporta Barnes). La primera retrospectiva fue en el Kunsthaus de Zúrich en 2007, después de más de ochenta años de su muerte, y apenas lograron reunir poco menos de cien obras.

A pesar de ser un maestro en el arte de la xilografía, Vallotton insiste con la pintura. La crítica no se lo perdona. El dinero forma parte de una serie de grabados en madera llamada Intimités, donde Vallotton expresa más abiertamente su mirada irónica y su humor ingenioso.
Y queda todavía un elemento ineludible para terminar este esbozo medio caricaturesco de Félix Vallotton: sus ambiciones literarias. Cuando falleció, su hermano Paul encontró entre sus papeles ocho obras de teatro y tres novelas.
Un artista para descubrir de la mano de Julian Barnes. Y para ampliar guiados por un local: Juan Forn le dedicó una contratapa de Página 12 en octubre de 2009.