El origen

Bueno, ya empecé mal. No es esta la locación del origen, sino la de este mismo momento. Creo que solo por eso la dejo: ando poco por el presente, no pienso desperdiciar la oportunidad una vez que lo visito.

Entonces, el origen. Desde hace mucho que vengo rumiando la idea de un blog. Claramente no porque crea que tengo algo para decir o para contar, pero sí creo tener muchas cosas que no quiero que se pierdan en la vorágine cotidiana (ni en el desorden de mi computadora o mi celular). Fragmentos de cosas que ando estudiando, postales y cartas que quiero que queden registradas de alguna manera, citas, alguna canción, una entrevista, una receta, una fotografía… Esos objetos perdidos que andan yirando en libretitas, en un chat, en el margen de una hoja de la agenda, en un archivo que ya ni sé dónde guardé.

Alentada quizás por esta cuarentena apocalíptica y/o por una frase mindfullnera que leí hoy temprano a la mañana («La información es abundante, pero la acción nunca llega«) acá me lanzo a escribir este blog con el único objetivo de catalogar, registrar, documentar, ni más ni menos, que un panorama de mis días.

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